ALGO ASÍ COMO SOLEDAD...
Son las 9 de la noche de un domingo en que los tres hombres de mi casa se han ido a ver el fútbol, quedándome sola por decisión personal. Ya que a mi lo de los deportes no me va, opto por quedarme en casa tranquila y aprovechar para leer algunos blogs o postear.
Me meto en la habitación del ordenador, y abro internet (navegador Explorer, porque el otro que tenía no chuta). Empiezo a leer el último post de uno de los blogs que sigo, los comentarios...y a través del ventanal que da a la calle oigo el "tararí" que emite el messenger de algún vecino. Sigo concentrada en la lectura de los comentarios, y vuelvo a oir el "tararí". Mi mente se turba durante un momento. El "tararí" "tararí" se hace cada vez más frecuente , y ya no puedo dedicarme a la tarea que estaba llevando a cabo. Mis manos como impulsadas por un instinto básico, apretan el botón derecho del ratón sobre el icono del 'messenger7.5', suben a 'iniciar sesión' y esperan a que se abra la ventana. Mecánicamente, como aquel alcohólico que poseido por su adicción entra a un bar y se bebe su primera copa, tecleo mi cuenta y mi password, y miro embobada a los muñecos girar su danza particular para mí. Mientras tanto el "tararí" del vecino no cesa de sonar, con la misma frecuencia, la misma intensidad, el mismo ritmo ...
Por fin la ventana azul da paso a la blanca, y aparecen el nombre de mis contactos. No puedo soportar la imagen que hay ante mí. Nadie está conectado. Ninguno de mis contactos del messenger está conectado!!! De repente un vacío se apodera de mí. Se me nubla la vista. El corazón late más rápido de lo habitual, y siento una presión en el pecho. Por un momento dejo hasta de respirar. Hace que vuelva en mí el "tararí" del vecino, y tras volver a comprobar que no tengo ningún contacto conectado, me lanzo a la ventana. Miro las ventanas de la acera de enfrente, e intento localizar alguna ventana abierta en la que se entrevea una pantalla de pc. No vislumbro nada. Cierro los ojos y agudizo el oído. Intento saber de donde viene el sonido, pero no lo consigo. Empiezo a desear de nuevo volver a fumar. No debo fumar, no debo volver a fumar. Respiro hondo. Inhalar, exhalar.....inhalar, exhalar..... Pienso con la cabeza, y me vuelvo a sentar frente a la pantalla. Estoy convencida que algo falla. Cierro sesión y vuelvo a abrirla. Tecleo rápidamente de nuevo mi login y password, y espero de nuevo la danza interminable.
La pantalla sigue igual. Mientras el sonido del vecino sigue ininterrumpidamente "tararí"..."tararí"... blasfemo en voz alta por no tener más contactos, por si alguno me tiene como 'no admitida', por haber decidido quedarme sola en casa. Más sola que nunca, al no tener a nadie con quien hablar. Y empiezo a pensar que ese sonido es tan adictivo como la música de las máquinas tragaperras. No se cómo consiguen el poder sobre la persona, pero lo hacen. Y a pesar de saber que todo es así, no puedo dejar de oir el "tararí" y desear estar yo en esa conversación. Al final, me asomo al balcón : 'Eh, perdona!! el del messenger!' y espero respuesta. 'El del messenger!' grito aún más alto. Se que me ha oido. No se donde está ni donde vive, pero se que me ha oido. Y lo se, porque en vez de asomarse y decirme '¿qué?', y darme pie a que le pidiera su cuenta de correo para poder agregarle, y así saciar ese deseo que me invadía, ha bajado el volumen de sus altavoces, y he dejado de oir esa música hipnotizante.
Etiquetas: MONOLOGOS



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