31 octubre 2006

Relato impersonal 2

Hoy ha sido lunes. Y los lunes desde este septiembre van acompañados, algunos, de comida de mujeres. Pues hoy era uno de los días de comida de mujeres. Y pallá que me he ido. Paece que no, pero el hacer algo diferente, el poder comer con caras diferentes...anima un poquillo el día.


Pues bien, mismo lugar misma hora. Zona no fumadores. Nos sentamos, hablamos, comemos, hablamos, charlamos, conversamos, nos reímos, hablamos..... Debido a este estado de 'depre' que me lleva rondando estos últimos días, me pongo en uno de esos actos incomprensibles vino en mi copa. Y bebo. Una de ellas se encarga de llenarme la copa cada vez que se vacía. Digo en voz alta lo de 'si yo no bebo' pero no dejo de acompañar el plato de lentejas con vinito...porque el chorizo picaba de cojones. Y llega el segundo plato. Seguimos charlando, y la conversación se va animando.


Mi mirada también, pues detrás del camarero que traía nuestros segundos platos ha llegado un joven trajeado y muy atractivo.Y yo, como siempre, pretendo estar en la sopa y en la tajá. Es decir, que mientras charlo con ellas, mis ojos se han escapado en más de una ocasión a la mesa de al lado, donde él empieza a comer solo. Bueno, solo, solo, tampoco. Está acompañado de un libro (que por supuesto no se cuál es el título). En algunos momentos nuestras conversaciones versan sobre hombres, y acabamos riéndonos de todo y de todos. El joven nos mira a ratos, levantando la vista del plato o del libro.

Por ubicación, mi mirada puede encontrarse con la suya en más de una ocasión, y alguna de esas veces le sonrío. Nada trascendental, sino más bien como diciendo...somos así, no podemos evitarlo...Y seguimos nuestra charla animadamente.


Como siempre, cada una se va cuando debe hacerlo, y no nos esperamos ni recogemos…cada una a su ritmo. En esta ocasión soy yo la que se levanta en primer lugar. Besitos para todas, y fecha para el siguiente encuentro.


Antes de pasar por caja voy al W.C..Recordad que soy meona compulsiva, si algún día me invitáis a vuestras casas, con total seguridad acabe conociendo vuestro baño (y no penséis en verde esta vez). Bueno, pago, y salgo a la calle.

Todavía guardando el monedero en el bolso (tarea harto difícil en algunas ocasiones), me interrumpe una voz masculina dulce, cálida y grave. Y sí, todos estos adjetivos para la misma única voz. Apenas un ‘Diculpa..’ y ya había quedado cautivada por ella. Levanto la mirada y me encuentro con los ojos negros del joven de la mesa de al lado. ¡Qué guapo es, ahora que lo contemplo de cerca! ‘¿Sí?’ ‘¿Sería demasiado atrevido por mi parte querer robarte 20 minutos de tu tiempo?’ Mi cara debía ser todo un poema…el vinito, las lentejas, la charla animada…y ahora esto…Claro que es atrevido…a no ser que seas un encuestador y quieras hacerme a mi la encuesta. ‘¿Perdona?’ ‘Permíteme. Te estuve mirando durante la comida y no quería dejar pasar la oportunidad. Me apetece tomar un café contigo. Simplemente eso.’ Cielos, esto no me puede estar pasando a mí. Su voz me acaricia, mientras sus ojos negros me atraviesan. Estoy paralizada frente a él, en la misma puerta del restaurante. Mis pies no avanzan, ni retroceden. Claro, ya está. Ahora recuerdo que en más de un post he comentado lo que me gustaría que un desconocido me ‘asaltara’ y me propusiera cualquier cosa. Es eso. Seguro. Las pendonas de dentro han pagado a un muchacho o bien le han pedido a algún amigo que interprete este papel…y deben estar descojonándose detrás de la puerta. Me giro. Nadie tras la puerta. ‘De verdad, sólo un café.’ Me siento tan vulnerable, tan a su antojo, que cedo y me dejo guiar por su mano en mi cintura, que nada más rozarme hace que sienta como si una ola de calor me recorriera desde el punto en que él ha puesto su mano, hasta mi cuello.

Afortunadamente antes de llegar a la esquina de la calle hay un café irlandés, y allí me lleva. Con una cortesía exquisita me lleva hasta una mesita al fondo del local, con asientos suaves como sillones. Poca luz, la justa que da una lámpara de techo que cae sobre la mesa. Se acerca el camarero...mi galán me pregunta si quiero un café con hielo, veo que se ha percatado que es lo que tomé en el restaurante, pero le contesto que no..que no puedo otro café. Sugiere…’¿una copa?’ ‘Sí’ y sin mediar más palabras se dirige al camarero pidiendo por mí. Contra todo pronóstico, lejos de molestarme me encanta que lo haya hecho. No tengo ánimo ni para pensar en qué pedir para beber. Estoy viviendo una situación tan sorprendente y especial para mí, que solo puedo dejarme llevar por el encanto de todo su ser. Sus manos son finas, delicadas y al mismo tiempo fuertes. Calculo que debe hacer gimnasio con frecuencia, por la anchura de sus hombros y su pecho…Me mira y me observa. No puedo emitir palabra. Eso sí, se que sería capaz de dejarme llevar al cielo por él en este mismo instante. El camarero sirve las copas, e incapaz de hacer otra cosa empiezo a beber. No debería beber más. Ya bebí el vino comiendo, y el whisky de la tarta. Pero no puedo evitar hacerlo, no se qué hacer para no parecer una boba, cosa que por otra parte él ya ha descubierto que soy. Sin embargo, sigue mirándome como si le atrajera. Y noto el deseo brillar en sus ojos. Imagino ese mismo brillo en los míos, delatando lo que sería capaz de hacer siguiéndole. Ninguno de los dos hablamos. Pero su rodilla roza mi pierna solo un instante, y noto cómo el deseo empieza a crecer en mí. El también lo ha notado, porque seguidamente su mano acaricia mi cuello, apartando el pelo que cae sobre él. Siento electricidad recorriendo mi cuerpo de un extremo a otro. Su mano recorre mi espalda por encima del vestido de tirantes que llevo puesto. El tacto parecido a la seda de mi vestido hace que el deseo siga aumentando. Yo me dejo hacer, todavía paralizada por mi propio deseo. Sus labios se acercan a mi cuello, noto su cálido aliento en él. Sus labios ardientes…

Joer, quiero ir a comer de nuevo mañana!!

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