Si me amas de verdad...
Ponerle fecha de caducidad a la relación fue el desencadenante de que todo se precipitara. Probablemente podrían haber seguido así toda la vida sin que nada les hubiera hecho separarse el uno del otro. Sin embargo se impuso un día y unos propósitos a cumplir en ese período. Propósitos que no eran palpables. Y su sola mención creó malestar. Consiguió que se distanciaran aún más y que mirasen cada gesto, que escucharan cada frase buscando evidencias de un no-amor. Eso fue el desencadenante de que todo se precipitara.
Y se precipitó desde ese mismo momento. Y como alguien había dicho, las palabras una vez han sido dichas son como las flechas que una vez son disparadas no se pueden parar. Así estaba la cosa en ese momento. Una fecha límite de entrega. Trabajo contra reloj y bajo presión. Y ¿quién valoraría el resultado del trabajo? ¿Acaso el hecho de ser sometido a revisión o a examen no era ya prueba de que algo no iba bien? ¿Se puede renacer de las cenizas? ¿No causaría daños irreparables el trabajo? ¿Valía la pena reparar un coche que se averiaba cada vez con más frecuencia?
'...si me amas de verdad debes seguir hasta el final aunque me veas llorar.'
Os recomiendo encarecidamente que escucheis esta preciosa canción, que hace honor con nota al cuento de 'El príncipe feliz' que tantas veces leí y releí en mi infancia.



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