Sensaciones encontradas
Hay veces que los instantes felices se suceden con tanta rapidez que pueden llegar a crear sensación de 'Ser feliz'. Este fin de semana ha sido uno de esos cargaditos de momentos felices.
Todo comenzó el viernes, cuando a las 15 horas acababa mi jornada laboral. Con el ánimo elevado por el maravilloso fin de semana que tenía por delante, llegué a casa sin molestarme ni en comer ¿paqué?. Fui al cole a las 17 a buscar a los niños (cosa que no hacía desde hacía cuatro semanas) con la pretensión que Gabriel que no tenía actividad extraescolar se viniera conmigo a casa. Pero apareció acompañado de un niño de su clase, pidiendo si podía ir a casa de él. Estupendo. Le dejé ir y me vine para casa sola.
Por el camino iba pensando que en vez de dedicar esa hora y media de libertad en preparar la maleta para el fin de semana, me pondría en el messenger a charlar con calma. Ya trabajaría a la noche.
Llego, me preparo un café y mientras sube, tiendo la ropa. Pongo otra lavadora. Me voy al pc. Dispongo aún de una hora. Me conecto. Encuentro alguna que otra víctima. Salto a la yugular. Entablo dos conversaciones. Una de ellas se anima y acabamos conectando las web cams. Suena el teléfono. Es mi madre. 'Sólo quería confirmar que estabas en casa. Ahora mismo voy para allá'. Me parte por la mitad sin saberlo. 'Mamá, no están los niños' '¿Que estás sola?' Atisbo una última esperanza 'Sí' 'No importa'.
Mis compañeros al otro lado de la pantalla no saben nada. ¿Cuánto podrá tardar mi madre en llegar? ¿cinco minutos, diez? Conecto el audio con el chico de la web cam, para poder explicarle el giro que acaba de dar mi tarde. Hay problemas con la conexión. Todo se tuerce...Me excuso precipitadamente en ambas ventanas y cierro el messenger tras oir el timbre de la puerta.
El sábado se inició a las 9:30 la aventura de pasar un fin de semana en un hotel de la costa, al más puro estilo 'guiris' con un Todo Incluido. Lo mejor, la compañía: el equipo de futbol de Gabri casi al completo. En total 9 matrimonios con hijos (qué de niños por dios!) y el entrenador con su mujer. Dada la edad de los retoños, los 12 niños camparon libremente por el recinto del hotel, torturando a los varios autocares del inserso que dominaban en cantidad al resto de huéspedes.
Como supongo todos habréis podido comprobar alguna vez, los 'abuelos del inserso' son una cultura propia. Se empujan, se pegan y hasta se insultan para poder tener un puesto privilegiado en cualquiera de las actividades que se organicen (incluido el stripper de la noche-que menda se perdió-qué mala suerte). Por supuesto el comedor era su territorio y las mesas del bar también (menudas timbas de carta se pegaban).
Una vez asumimos todos nosotros que pasábamos de nuestros hijos, que hicieran lo que les diera la gana (cada uno llevaba su pulserita del T.I. y su tarjeta con banda magnética para pagar lo que pidieran) y que si pasaba algo grave sonaría por megafonía, nos perdimos en un bar, encontrado casi por azar en un segundo piso, donde no llegaba el ascensor, y por tanto, tampoco los abuelos.
Cervezas, patatas chips, cacahuetes, pelotazos, sanwiches fríos de atún, alcohol en diversos formatos...y tiempo.....fórmula mágica para amenizar una tarde de sábado de tal manera que me sentí eufórica. Sin niños que interrumpan charlas, sin niños que veamos discutirse o pelearse, sin niños pidiendo 'cómprame'....vamos, sin niños.
Resultó que nos sentimos de repente liberados de todo, y resultó que alguno que otro era propenso a la broma y a la charla distendida, y que se habló no de niños, sino de sexo, y resultó que aquello era divertido, y también resultó, curiosamente que 8 de los 10 matrimonios llevábamos con nuestra pareja actual desde la adolescencia (entre los 14 y los 17) siendo nuestra única experiencia de pareja. Y resultó que finalmente me sentí como el patito feo cuando encuentra el hogar de los cisnes, en que por fin no se siente diferente o rara.
Después de cenar, colocamos a todos los niños en un espacio de 'canguraje' con plays y monitores del hotel, y nos fuimos al baile de strippers ( repito, me perdí el paquete del chico), a beber gratis y a seguir con la fiesta.
Esta mañana los caretos eran un poema y los cuerpos andaban rotos. Pero aún quedaba mucho que comer y que beber...(Sí ya habíamos amortizado las tarjetas, y qué?). Durante el aperitivo antes de entrar en el comedor, entre cervezas, alguien ha propuesto repetir dentro de quince días, en carnaval, algo parecido, incluyendo la confección de disfraces. Estamos saturados. Me encargo yo de buscar hotel esta vez. Estoy tan llena que no puedo ni cenar.
Me siento feliz.
Etiquetas: PERSONAL



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