Química
Fue esa ternura la que la ayudó a deshinibirse, poco a poco. Sentirse cómoda fue su necesidad primera, porque los nervios no eran buenos compañeros en esos momentos. El la acompañó en ese trayecto que empezó al darse cita, tras muchos días de charla en puntuales encuentros en la red y que llegó al momento actual de la cita en sí. No era una cita a ciegas porque se habían visto en fotos y a través de la web cam, pero era una cita. No esperaban que nada en concreto ocurriera en ese encuentro y sin embargo ambos sabían que podría pasar de todo. Son las cosas maravillosas de la vida que en un instante puede hacer que dos personas se sientan una o sientan que no tienen nada entre ellas. Es la química.
Natalia había vivido esa química anteriormente. Esa atracción que no entiende de razones y que es capaz de dominar la mente. Esa atracción la había llevado a un matrimonio y después la había dejado vacía y vapuleada, es la consecuente ausencia tras dejar de tener algo que se tenía. Y esa ausencia causa ese vacío que por más que uno se empeñe en llenar es imposible conseguirlo.
Entonces llegó aquel muchacho a su vida. Una vida ya de por sí demasiado complicada. Una vida cargada de trabajo, de hijos y de un ex marido que la estaba hundiendo en la más triste de las existencias. Próxima a los cuarenta, con toda una vida a cuestas y cargada de complejos conoció a Raúl. Un chico al que ella le llevaba más de una década. Desde el principio ella se empeñó en verlo como un niño. El se mantuvo constante sin dar ninguna importancia a ese dato que él consideraba puramente accidental. Y la acompañó en todo el trayecto, con palabras llenas de cariño, otras veces de humor y siempre con un respeto y una dulzura que la fueron conquistando poco a poco.
La hizo reir, la hizo sonreir, la hizo soñar, la hizo ilusionarse de nuevo...la conquistó y la enamoró con sus palabras. Y ella revivió, renació de sus cenizas, su piel cambió de color, sus ojeras empezaron a borrarse y el brillo retornó a sus ojos. La medicina que cura corazones rotos es la ilusión. Ilusión no es felicidad. Ilusión es un brillo en la mirada, un corazón que se agita, una ansiedad placentera...Raúl había devuelto a la vida de Natalia la ilusión. La hizo sentirse de nuevo una adolescente que enrojece ante una frase tecleada de manera casi casual, que sonrie ante la complicidad de unas miradas que miran una pantalla de pc sin teclear ni una sola palabra en pleno embobamiento, que disfruta de nuevo del sol que ilumina los días.
Y tras ese período de intercambio y complicidad, de magia tecleada, llegó la magia oral, la que via teléfono habían conseguido. Y cuando todo parecía que no podía ser mejor quedaron en conocerse. Conocerse más aún. EL conocimiento del cuerpo y su química.
Demostró Raúl no ser un niño sino una persona capaz de ayudar a Natalia a superar todos sus miedos de años envasados al matrimonio y fermentados en soledad. Hablaron sin dejar de mirarse a ratos y evadiendo miradas a otros. Hasta que él que dominaba la palabra como otros dominan el silencio le confesó que se sentía atraído por ella, que ella le gustaba. Ella enrojeció como tantas veces antes. El pudor se apoderó de ella y no pudo por más que agradecer sus palabras, su sinceridad y su compañía. Tenía casi cuarenta y una vida a la espalda, pero ante ese momento sólo era una tímida niña asustada que se sentía como si tuviera veinte. Raúl cogió las riendas de la situación y la llevó al hotel donde había reservado él su habitación (ella por temas de logística maternal no pudo desplazarse a su ciudad). Ella se dejó hacer en silencio, deseosa y temerosa. Raúl sabía que en esos instantes cualquier fallo que cometiera sería fundamental para que la situación no avanzara y hasta pudiera perderse la relación de amistad que les unía. Pero cuando el cariño, la ternura y el respeto son compañeros del deseo, los fallos son casi imposibles.
Natalia descubrió partes de su cuerpo que estaban dormidas y de otras que nunca habían existido para ella. Su cabeza dejó de pensar en el preciso instante que él la besó. La química había jugado bien sus cartas y los cuerpos se encargaron de cobrarse el botín. Sentían la prisa del momento, el ansia de poseerse aquí y ahora, sin embargo Raúl ralentizó su ritmo, quería que Natalia disfrutara junto a él, paso a paso de todas las sensaciones. Acariciar con sus dedos la piel de sus hombros mientras retiraba su blusa, besarlos suavemente, casi sin rozarlos...cada gesto envuelto en la delicada ternura del placer que crece a cada instante.
Bendita química y bendita ilusión.
Etiquetas: RELATO



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