07 noviembre 2006

Todo por culpa de una p.mosquita

Pues aquí estoy en horas poco habituales, y debido a una serie de catastróficas casualidades

Ayer por la tarde, todavía en el trabajo, empecé a encontrarme mal. Lo típico, el costipado ese que viene sin avisar pa tocar los cataplines. Eso hizo que me metiera en la cama a las 21:30, a pesar de sus esfuerzos por impedirme la entrada, por no ser horas (palabras textuales de mi cama). Me he levantado hecha una bazofia, pero como el anuncio de la tele 'Tu vida no se puede parar por un costipado', me he levantado con intención de ir a currar. Entre otras cosas porque a la tarde tengo que llevar a mi peque al médico (nada relevante). Pues bien, mientras me duchaba, he visto una mosquita de esas chiquitinas negras encima del teléfono de la ducha. El otro día, Ana me comentaba que hay como una 'plaga' de esos bichines, y desde entonces no hago más que ver en mi casa. Pues bien, salgo de la ducha, me coloco el albornoz, cojo una toalla tamaño bidé y me pongo de pie encima del filo de la bañera, apoyo mi mano izquierda en la pared, y ¡zas!!, arreo con la toalla sobre la mosquita, que mientras cae o se volatiliza (no tengo ni la más remota idea), yo caigo también del ímpetu del toallazo. Con tan mala suerte que en mi caida, me he golpeado varias partes de mi cuerpo. No voy a entrar en detalles, así que no los pidais. El talegazo ha sido tan bestia, porque he caido sobre el water, que los niños en seguida han venido corriendo preguntando si me había hecho daño o si estaba bien. Incapaz de contestar. Yo tirada en el suelo y sin poder levantarme. Hasta que el agua ha empezado a mojarme, y me he dado cuenta que en la caida he golpeado con tanta fuerza la mochila del water, que la he arrancado, y está vaciándose por el tornillo que aferra a la taza propiamente dicha. Así que sin tiempo para seguir quejándome, me he levantado y he empezado a trabajar. Mis retoños en la puerta mirando la escena atónitos. El mayor en seguida ha empezado a tirar toallas al suelo del cesto de la ropa sucia. Mientras, yo intento cerrar la llave de paso del agua a la cisterna, pero no funciona, o no tengo fuerzas para girarla. Recordad que me he ostiao. Así que pienso en colocar rápidamente la arandela por debajo de la taza, junto con esa llave de plástico blanca que va a rosca, mientras meto la otra mano dentro de la cisterna. Por cierto, el desenroscar la arandela plateada donde se apreta para vaciar la cisterna me ha costado también lo suyo, no os penseis. Pues bien, necesito un destornillador para apretar el tornillo dentro de la cisterna mientras apreto la tuerca de plástico por debajo. Así que mientras mis hijos siguen tirando toallas y ropa en general al baño, para que el agua no salga fuera y me joda el parquet, voy corriendo a cerrar la llave general del agua. Salgo al balcón a buscar las herramientas, destornilladores y llave inglesa. Pues bien, llave inglesa para cerrar la llave de paso a la cisterna. No se puede cerrar. Gira pero sigue entrando agua. Cojonudo. Apreto el tornillo de dentro de la cisterna con el destornillador, mientras giro la tuerca por fuera. La tuerca está dada de si. No puedo evitar derrumbarme y ponerme a llorar de manera compulsiva. Mis hijos intentan hacer de padres conmigo, y eso hace que aún me sienta peor. Sigo llorando. El pequeño ha debido pensar que necesito ayuda externa, y se va a buscar mi móvil. Me pregutna si llama a su padre. Le digo que sí, mientras sigo llorando. Miro el reloj. No puedo perder más tiempo llorando. El peque está hablando con su padre, que es mi marido, y le digo a MM que me he ostiao y que cuando pueda se pase para arreglar el desaguisado, porque sino, cuando lleguemos a la noche, no podremos arreglarlo y estamos sin agua. Respiro hondo, y me pongo las pilas. Cada niño abrumado por la situación obedece sin remilgos mis órdenes. Traedme el cubo y la fregona, tira más toallas, ves a buscar una botella de agua de la nevera y lavaros los dientes.... Aceleradamente conseguimos salir a la hora de casa, no sin antes asegurarle al mayor que no iría hoy al despacho. El pobre no paraba de decirme que así hoy no podía ir a trabajar, con la gripe, la leche que me había pegado y todo lo que había llorado con los nervios. De vuelta a casa, mi arreglatodo particular, estaba arreglando los desperfectos.

Me encuentro griposa a tope, y me duele to el cuerpo como si me hubieran dado una paliza. Aún así, me apetecía contarselo a alguien.

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