08 diciembre 2006

ANGUSTIA AL DESPERTAR

Despertó sobresaltada, con una angustia en la boca del estómago que le hizo sentir como realidad aquel sueño. No, no podía ser cierto. Era un error, seguro. Pero si era una pesadilla, ¿porqué seguía angustiada, si ya estaba despierta?. Cuando le dijeron que estaba embarazada de tres meses y medio, y que había dos embriones, el mundo se hundió bajo sus pies. Su vista se nubló durante unos segundos, y las piernas le fallaron. No, no podía ser cierto. Pero su ginecólogo insistió, estaba esperando dos criaturas, perfectos, por cierto. Poco a poco empezó a regresar en sí misma. No, no podía ser cierto. Recordó como hacía ya unos años, había decidido renunciar a a la posibilidad de ser madre nunca más. Ese mismo ginecólogo la había esterilizado en su momento. ¿qué demonios estaba pasando entonces? ¿era una broma?. No, no podía ser cierto. Estaba en lo que ella había achacado a transtornos premenopáusicos. Meses de menstruaciones irregulares, unas veces abundantes, otras escasas, unas adelantadas, otras con retraso. Esta vez el retraso fue mayor, y su cuerpo se encontraba alterado. Por eso fue al médico. Pero no había en su mente una sola opción para ese embarazo. No, no podía ser cierto. Respiró aire, despacio y profundo. Lo tenía claro, siempre lo había dicho, no tendría más hijos. Tenía los dos hijos que siempre había deseado, y hacía ya unos años que esos hijos eran autónomos e independientes, dándole la felicidad de volver a recuperar su vida. Se había encargado de solucionar cualquier posibilidad de quedarse embarazada. No le importó ser ella la que pasara por quirófano. Quería la total tranquilidad para disfrutar del sexo con su pareja. Y ahora, cinco años después de esa operación que le impedía que otro embarazo fuera posible, el mismo médico le decía que llevaba dos criaturas gestando en su vientre. No, no podía ser cierto. Estaba claro, abortaría. El le dijo que lo pensara bien, que los fetos estaban completamente formados ya, y que el plazo legal para abortar en los supuestos, únicos, que contempla la ley, no tenía lugar en este caso. ¿pero de qué coño le estaban hablando? Ella hacía cinco años se había esterilizado y algo falló. Ella no tenía porqué cargar con esa negligencia, y menos en formato de hijos para toda la vida. Pero al mismo tiempo que tenía claro que ella no quería esos bebés, su cuerpo empezó a acariciar la idea de los mismos nutriéndose de ella misma, meciéndose en su vientre, oyéndola decir que los quería muertos. No, no podía ser cierto. La peor decisisión que tendría que tomar nunca. Escoger entre seguir adelante con un embarazo no deseado, cuyas consecuencias serían para el resto, no sólo de su vida, sino también de la del resto de su familia, o deshacerse de ellos, guardando el secreto que la haría avergonzarse delante de sus otros hijos en caso de saberse. No, no podía ser cierto. Y ahora se había despertado, con ese nudo en la boca del estómago, y con la sensación que ese sueño no era tal. No, no podía ser cierto. Sin embargo la hinchazón de su vientre, las nauseas al levantarse y la cita que tenía esta mañana en el hospital, le recuerdan que no solo no era un sueño.

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