Relato impersonal 3 parte segunda
El refriegue, lejos de enfriarme, ha conseguido calentarme. Es cierto que no me han atraído nunca las mujeres, pero mientras sus manos me acariciaban y su cuerpo se contoneaba junto a mí, sin saber a quien pertenecían ni unas ni otro, sin prejuicios que me impidieran dejarme llevar, me di cuenta que el placer, no importa de donde provenga, siempre es placer. Solo tenemos que cerrar los ojos y mirar a través de nuestras sensaciones. Una caricia puede resultar tan estimulante o más que un beso, sólo depende de lo que el que te acompaña sea capaz de transmitir y tú de percibir. Sólo son estímulos físicos que se encuentran, a veces, con barreras mentales. Hay que derribar barreras….
Sin embargo, todavía soy demasiado consciente de que Emma es una mujer, y que lo que tengo es unas ganas tremendas de ser acariciada, abrazada y estimulada por un hombre. Muchas ganas. Demasiadas ganas.
Ahora pienso en cuántas veces he deseado hacer algo, simplemente porque me apetecía hacerlo, pero debido a las normas preestablecidas, de lo que está bien y lo que no, me he tenido que autocontrolar. También demasiadas veces. El autocontrol me ha dominado siempre, consiguiendo que acabe siendo la chica fría y distante que soy. Sin mostrarme tal como desearía….
Con la prisa del deseo que me acaba de llegar mi baile empieza a ser casi una llamada de atención para el que quiera acercarse a tocar. Y entre baile y baile, a ratos cogidas a ratos sueltas…mirando a mi alrededor, a los chicos que hace un momento nos miraban a Emma y a mí, mientras ella me acariciaba, decido lanzarme al ruedo. Cansada de esperar todo lo que tengo en mi vida, decido ser yo la que se acerque a un tío. Pero todo esto no lo pensé, todo esto es lo que tras mucho analizar, creo que debió ser lo que por mi mente debió pasar en absoluto silencio.
Así que dada la facilidad del roce pues el garito estaba atestado de narices, mi cuerpo, con voluntad propia se acerca a uno de los chicos, sin dejar de bailar, rozándome con su cuerpo, insinuante y sensual. Emma también a mi lado sigue bailando. Qué gusto! Mi cuerpo está disfrutando del momento, divirtiéndose de sentirse mimado. Dada la falta de costumbre de bailar y de beber, mi cuerpo me pide a partes iguales marcha y calma. Y sed, tengo mucha sed…así que mientras Emma sigue contoneándose junto al resto del mundo, yo me dirijo a por otra copa. Desde la barra me giro y miro hacia donde está Emma, y aquel chico al que me he arrambao en ese arrebato de apertura de mente. No es nada guapo, pero el tío tiene un olor que me ha gustado, y su ropa, deportiva sin ser cutre, y su sonrisa, su mirada….coño! Estoy tan salida, que si no fuera porque no se donde ir, me lo haría con él en este instante. Y todo esto lo vivo mientras me sirven la copa. Debería irme a casa. Sería lo mejor. ¿lo mejor para qué? ¿para quién? No tengo ni puta idea. El maldito autocontrol de nuevo. Y mientras bebo mi copa, el chico de la sonrisa se acerca…pero no a mí, sino que se pide también una copa. Parece buen tío. Formal. Pero ¿Por qué sigo pensando en este tío y en lo que pueda resultar? Ahora mismo lo único que quiere mi cuerpo es saciarse de él, o de cualquiera. Así que aprovechando el momento en que ambos estamos en la barra, pegados el uno al otro, me acerco a hablarle al oído, me llamo Laura. Yo Rubén. Me dice con su cara pegada a la mía, para poder oirle, y me lanzo a esa boca que no es mía más que por este momento, para besarle como si me fuera la vida en ese beso, y en el siguiente, y en otro más. Y esta vez los besos son apasionados, fogosos, ardientes, por las dos partes. Y sintiéndome correspondida por esa boca, que devora la mía, mientras la mía intenta abosorber la suya, mi cuerpo toma el control absoluto de mí. Pegada junto a él, sintiendo su cuerpo tan cerca del mío , que parece que lo tengo dentro, y noto como su cuerpo reacciona a mis besos, y me excito aún más de saberlo excitado por mí. Y creo estar mil horas besándome con él, pero puede que solo fuera un minuto. Dejé de tener control sobre mí, lo supe entonces y lo reafirmo ahora. Porque me dejé llevar por él y por mi cuerpo. Sus brazos abrazando mi cuerpo, sus manos apretándome fuerte...y unas ganas locas de perderme con él en un minuto. Sï, él debió sentir lo mismo que yo, porque me dijo si quería que nos fuéramos de allí. Y no pensé en nada, ni en Emma, ni en Alberto, ni en nada. Sólo en mi cuerpo que se sentía excitado como hacía tiempo que no conseguía con Alberto, a pesar de no haberme dado cuenta de ello. Rubén, me llevó no se como hasta donde habíamos estado bailando y se despidió de sus colegas mientras yo lo hice de Emma, que debió flipar en todos los colores del universo. Y salimos a la calle con la urgencia de encontrar un lugar donde pudiera saciar ese deseo que me estaba ahogando en la garganta. No podía controlar este fuego. Simplemente no podía. Y no tenía ni pajolera idea de dónde ir, porque nunca me he visto en esta tesitura, y confio que Rubén sepa qué hacer. Y sí que lo sabía, sí. Pillamos un taxi, donde no pudimos controlar la necesidad de seguir pegados, mediante besos, caricias...estaba a cien, y si seguía así creo que me correría sin necesidad de desnudarme. Dios, qué bueno! No se qué es lo que hizo que me sintiera tan caliente, pero si era el alcohol, debería beber más, y si era él...debería hacérmelo cada semana. Ya en el piso, todo ocurrió rápido. Sexo apresurado al mismo ritmo de la urgencia que nos llevó hasta allí.
Sin embargo, todavía soy demasiado consciente de que Emma es una mujer, y que lo que tengo es unas ganas tremendas de ser acariciada, abrazada y estimulada por un hombre. Muchas ganas. Demasiadas ganas.
Ahora pienso en cuántas veces he deseado hacer algo, simplemente porque me apetecía hacerlo, pero debido a las normas preestablecidas, de lo que está bien y lo que no, me he tenido que autocontrolar. También demasiadas veces. El autocontrol me ha dominado siempre, consiguiendo que acabe siendo la chica fría y distante que soy. Sin mostrarme tal como desearía….
Con la prisa del deseo que me acaba de llegar mi baile empieza a ser casi una llamada de atención para el que quiera acercarse a tocar. Y entre baile y baile, a ratos cogidas a ratos sueltas…mirando a mi alrededor, a los chicos que hace un momento nos miraban a Emma y a mí, mientras ella me acariciaba, decido lanzarme al ruedo. Cansada de esperar todo lo que tengo en mi vida, decido ser yo la que se acerque a un tío. Pero todo esto no lo pensé, todo esto es lo que tras mucho analizar, creo que debió ser lo que por mi mente debió pasar en absoluto silencio.
Así que dada la facilidad del roce pues el garito estaba atestado de narices, mi cuerpo, con voluntad propia se acerca a uno de los chicos, sin dejar de bailar, rozándome con su cuerpo, insinuante y sensual. Emma también a mi lado sigue bailando. Qué gusto! Mi cuerpo está disfrutando del momento, divirtiéndose de sentirse mimado. Dada la falta de costumbre de bailar y de beber, mi cuerpo me pide a partes iguales marcha y calma. Y sed, tengo mucha sed…así que mientras Emma sigue contoneándose junto al resto del mundo, yo me dirijo a por otra copa. Desde la barra me giro y miro hacia donde está Emma, y aquel chico al que me he arrambao en ese arrebato de apertura de mente. No es nada guapo, pero el tío tiene un olor que me ha gustado, y su ropa, deportiva sin ser cutre, y su sonrisa, su mirada….coño! Estoy tan salida, que si no fuera porque no se donde ir, me lo haría con él en este instante. Y todo esto lo vivo mientras me sirven la copa. Debería irme a casa. Sería lo mejor. ¿lo mejor para qué? ¿para quién? No tengo ni puta idea. El maldito autocontrol de nuevo. Y mientras bebo mi copa, el chico de la sonrisa se acerca…pero no a mí, sino que se pide también una copa. Parece buen tío. Formal. Pero ¿Por qué sigo pensando en este tío y en lo que pueda resultar? Ahora mismo lo único que quiere mi cuerpo es saciarse de él, o de cualquiera. Así que aprovechando el momento en que ambos estamos en la barra, pegados el uno al otro, me acerco a hablarle al oído, me llamo Laura. Yo Rubén. Me dice con su cara pegada a la mía, para poder oirle, y me lanzo a esa boca que no es mía más que por este momento, para besarle como si me fuera la vida en ese beso, y en el siguiente, y en otro más. Y esta vez los besos son apasionados, fogosos, ardientes, por las dos partes. Y sintiéndome correspondida por esa boca, que devora la mía, mientras la mía intenta abosorber la suya, mi cuerpo toma el control absoluto de mí. Pegada junto a él, sintiendo su cuerpo tan cerca del mío , que parece que lo tengo dentro, y noto como su cuerpo reacciona a mis besos, y me excito aún más de saberlo excitado por mí. Y creo estar mil horas besándome con él, pero puede que solo fuera un minuto. Dejé de tener control sobre mí, lo supe entonces y lo reafirmo ahora. Porque me dejé llevar por él y por mi cuerpo. Sus brazos abrazando mi cuerpo, sus manos apretándome fuerte...y unas ganas locas de perderme con él en un minuto. Sï, él debió sentir lo mismo que yo, porque me dijo si quería que nos fuéramos de allí. Y no pensé en nada, ni en Emma, ni en Alberto, ni en nada. Sólo en mi cuerpo que se sentía excitado como hacía tiempo que no conseguía con Alberto, a pesar de no haberme dado cuenta de ello. Rubén, me llevó no se como hasta donde habíamos estado bailando y se despidió de sus colegas mientras yo lo hice de Emma, que debió flipar en todos los colores del universo. Y salimos a la calle con la urgencia de encontrar un lugar donde pudiera saciar ese deseo que me estaba ahogando en la garganta. No podía controlar este fuego. Simplemente no podía. Y no tenía ni pajolera idea de dónde ir, porque nunca me he visto en esta tesitura, y confio que Rubén sepa qué hacer. Y sí que lo sabía, sí. Pillamos un taxi, donde no pudimos controlar la necesidad de seguir pegados, mediante besos, caricias...estaba a cien, y si seguía así creo que me correría sin necesidad de desnudarme. Dios, qué bueno! No se qué es lo que hizo que me sintiera tan caliente, pero si era el alcohol, debería beber más, y si era él...debería hacérmelo cada semana. Ya en el piso, todo ocurrió rápido. Sexo apresurado al mismo ritmo de la urgencia que nos llevó hasta allí.
Y mientras el taxi me conducía a casa empecé a darme cuenta de todo eso. Volví a casa extraña a mí misma, con olor a tabaco, a sexo, a alcohol. No podía meterme en la misma cama en que Alberto dormía. No así. Me duché intentando borrar todo rasto de Rubén de mi cuerpo. Rezando para que Alberto no se despertara antes de que yo estuviera dispuesta. Y en la cocina me preparé un café. Y con el ruido se despertó Alberto. Después de todo eran las 5, y él se tenía que ir a currar a las 7. Y mientras pongo el café en el vaso, ALberto se aproxima a mí por detrás, susurrándome al oído : 'Mmmm...qué bien hueles...qué limpita estás...has disfrutado con Emma?...o quieres que te haga yo disfrutar ahora?' Mientras con una mano acaricia mis pechos bajo la camiseta que llevo, y con la otra, metida entre mis piernas acaricia mi sexo. Y siento ganas de llorar que debo reprimir aunque ahora mismo él no vea mi cara. Y me dejo hacer sin ganas, para que él no sospeche que vengo de estar con otro, de follar con otro, y de haber disfrutado de los besos de un desconocido que ha conseguido, sólo con eso, que sienta unas ganas locas de hacérmelo con él.
Etiquetas: RELATO IMPERSONAL



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