RECUERDO NAVIDEÑO 3
Cuando formas parte de una familia humilde (que lo de pobre suena feo), aprendes a valorar las cosas más que en su justa medida en demasía. Cualquier cosa era un tesoro, desde un lápiz nuevo a unos clips para el pelo. De manera que estábamos deseando que llegara el período navideño para poder tener todo aquello que nos gustaría.
La magia llegaba a nuestro hogar encarnada en el papel de mi madre. Si no hablo nunca de mi padre es porque siempre estaba trabajando, y mi madre era la que siempre estaba en casa con nosotras. Pues sí, llegaban las vacaciones en el cole y en ná de días ya era navidad. Y nos levantábamos el día de Navidad y los ‘pajes de los Reyes Magos’ nos habían dejado un regalito para cada una de nosotras. Podía ser desde unos calcetines, a un lápiz, o unos lazos para las coletas. Y desde entonces, desde ese día 25 y hasta el día 5, cada uno de esos días, al despertar por la mañana, los ‘pajes reales’ habían dejado un regalo para nosotras. CADA DÍA!!!! Y por supuesto, cada día era para nosotras una fiesta, con un regalo diario…como preludio de lo que encontraríamos el día de Reyes de Sus Majestades.
La noche del día 5 al día 6 era imposible dormir. Aún recuerdo, como me metía en la cama, con unos nervios de mil demonios, un nudo en el estómago, y pasado un buen rato dando vuelta y vuelta sin poder dormirme, cerrar los ojos y apretarlos muy, muy fuertes, como si así consiguiera que se cerraran para dar paso al sueño. El despertar del día 6, era un MANJAR para mis ojos. Asomar la cabeza y adivinar la silueta de cajas que había sobre cada pareja de zapatos era para mí una felicidad tan sumamente enorme, que por más que intentara ahora transmitir lo que sentía, el palpitar del corazón latiendo fuerte, la emoción pugnando por salir de mi cuerpo en forma de gritos de alegría y los nervios que no podías controlar, sería imposible. Porque en ese día, yo era la niña más feliz del mundo, con más regalos y mejor valorados. Delicatessens de juguetes, muñecos, vestiditos, complementos varios para la niña que recibía más de lo que podría haber imaginado. Y es cierto, no es una exageración provocada por el tiempo pasado, o la vista atrás que enaltece sentimientos. Es una auténtica realidad. En aquellos tiempos no hacíamos carta de Reyes, pedíamos una sola cosa, supongo que por no romper el saco por la avaricia. Eso sí, en mi interior soñaba con recibir esto o aquello…pues bien, los Reyes Magos, siempre superaban con creces mis expectativas. SIEMPRE.
Cursando segundo de E.G.B. poco antes de las vacaciones de navidad, la señorita Lucía, tuvo a bien informarnos durante una de sus clases de tutoría, que los Reyes Magos no existían, sino que eran los padres. Yo siempre fui una niña callada y obediente, y muy tímida. Sin embargo en esa ocasión me permití la osadía de levantar la mano, y decirle que andaba equivocada, que los Reyes Magos existían, y que a mi casa venían. Aún me parece recordar la cara de la señorita, entre irónica y cruel, al más estilo Cruela de Vil, sonriendo mientras me decía: ‘Pregúntale a tus padres y verás como te dicen que son ellos los que compran los juguetes’ Me resistía a creer semejante patraña: ‘ No puede ser, mis padres son pobres y a mi me traen muchos juguetes’ pero esto ya lo dije mientras las lágrimas empezaban a salir de mis ojos, mientras el resto de niñas callaban como si lo supieran desde hacía tiempo, y la señorita se sentía feliz de haber conseguido romper los sueños de alguna de sus alumnas. Recuerdo haber pasado el resto de la mañana llorando, y salir desesperada a mediodía, y en mitad del patio encontrar a mi madre, que asustada al verme llorar de ese modo desconsolado, me preguntó. Le contesté, y tal como acabé, se dirigió a hablar con la ‘señu’. No se qué le dijo. Ese año viví la llegada de los pajes y de los Reyes buscando pruebas de su inexistencia, sin hallarlas. Mi madre hizo la mejor interpretación de su vida, y consiguió que disfrutara como si la tonta de la ‘señu’ me hubiera mentido sólo pa joderme.
Luego, años más tarde, descubres que tu madre iba mientras tú estabas en el cole a la MEY (¿te acuerdas?), que era una tienda del barrio que vendía cosas para casa, adornos, lámparas y juguetes, todo en uno. Y los que no tenía los pedía. Y desde septiembre, mi madre reservaba los juguetes, y los pagaba poco a poco, y con el sacrificio y el esfuerzo de mis padres, conseguían que yo creyera en Los Reyes Magos. Esta es una de esas cosas que no tienen precio, aunque se que mis padres estaban pagados viendo nuestras caras iluminadas y sabiendo que habían conseguido hacernos sentir y vivir la MAGIA DE LA NAVIDAD.
Etiquetas: RECUERDO



<< Home