21 marzo 2007

Sonrisas

Sonríe mientras lee su nuevo correo. Las palabras de él la llenan de felicidad, que aún siendo efímera por definición tiene un efecto perdurable en su tiempo.

‘Mi dulce niña, no sabes cuánto te pensé anoche, cuando entre el sueño y la vigilia imaginaba que era tu cuerpo el que descansaba a mi lado. Imaginarte acurrucada junto a mi cuerpo, ambos hechos un ovillo, sin nada que impidiera el contacto de tu piel con la mía. Imposible quedarme quieto en esas circunstancias. Notarías la eficacia que tiene tu cuerpo sobre el mío en pocos instantes. Se que eso sería suficiente estímulo para que tus manos llevaran las mías, siempre cálidas, a tu pecho, dando pie con ese gesto a la danza que más deseamos llevar a cabo desde hace un tiempo. Mis manos ávidas de tu cuerpo no se harían de rogar y gozarían de la libertad que tú les brindas…

No sabes cuánto te pienso ni cuánto te sueño, mi dulce niña. Tu sola existencia ya es motivo para que sonría sin motivo aparente y doy gracias al azar que nos llevó a encontrarnos aquel día.

Besos en nuestra extraña distancia.’

Hace ya días que recibe sus correos, repartidos en momentos diversos del día y gracias a los que vuelve a sonreír como hacía meses que no hacía. Efímera felicidad.

‘Mi niño lindo, no sabes cómo sentí tus pensamientos mientras el sueño se negaba a dominarme. Imaginarme desnuda piel con piel, notar tu excitación y desear que tus manos satisficieran ese deseo que sólo tú puedes despertar en mí. Tus manos ávidas en la libertad que les brindo se van haciendo poco a poco no sólo con mi cuerpo, botín a tu entera disposición, sino también con mi mente. No puedo pensar mientras me tocas, sólo puedo dejarme llevar por lo que tú provocas. Estirados de lado, tu aliento en mi nuca, tu mano izquierda avanzando hacia mi pubis que se entreabre sólo para ti…giro mi cara para besarte. Deseo besarte por encima de cualquier otra cosa en este instante. Deseo que sientas mi deseo…

No sabes cuánto te pienso ni cuánto te sueño, mi niño lindo. Ni mucho menos sabes cómo has conseguido arrancarme de este estado apático en el que estaba sumida.

Besos próximos.’


Su vida había cambiado en unos meses del estado apático que la dominaba, de la tristeza que dominaba sus actos a un estado de euforia controlada. Las sonrisas que sus correos provocaban, el sentir que alguien pensaba en ella de nuevo…

‘Mi dulce niña, no sabes cómo siento el deseo que invade tu cuerpo, hasta el punto de tener que luchar conmigo mismo para no dejarme llevar precipitadamente. Adoro la inmediatez con la que requieres todo y con la que te entregas, pero no quiero ceder a ello sin antes hacerte disfrutar y hacerlo yo mismo de todo el potencial que adivino por tus letras. Quiero ser el amante aplicado que recuerda que tu cuerpo es mucho más que tu sexo. No quiero que olvides tu piel…

Pensarte con frecuencia me ayuda a sentirme libre. Gracias por ello.

Besos inmediatos.’


No era fácil encontrar alguien que despertara esa parte de uno que anda tan escondida y protegida. Sin embargo él había conseguido entrar por algún rincón que hasta ella misma desconocía que existiera. Al principio había negado cualquier sentimiento que fuera más allá de la vanidad, pero ahora sabía que lo que él la hacía sentir tenía múltiples nombres y múltiples matices.

‘Mi niño lindo, adoro como veneras mi cuerpo y cómo te empeñas en recordarme que el órgano sexual de mayor extensión es la piel. Por eso me dejo tocar por ti sin ningún tabú, sin ninguna vergüenza. Se que arrancarás de mí los placeres que nunca imaginé que existieran. Me dejo hacer a tu antojo sabiendo que no sólo gozo yo de estos instantes, sino que tú lo haces también viéndome gozar a mi. Dar placer es para ti un placer.

Sentirme pensada por ti me hace grande. Gracias por ello.

Besos liberados.’

Y a pesar de sentirse tan bien, algunos pensamientos le venían a la cabeza. No estaba bien dejarse llevar por las palabras. No estaba bien que unos correos pesaran tanto en su estado de ánimo. Ella era una mujer pragmática y esta historia no hacía más que descolocarla. Al fin y al cabo, ¿qué esperaba de esta relación?.

‘Mi dulce niña, gozo de tu placer, de oír tus gemidos mientras recorro toda la extensión de tu piel a ratos con mis manos, a ratos con mis besos, a ratos con mi lengua, a ratos con mi cuerpo. Me excita tanto tu cuerpo y cómo reaccionas a mis caricias, que no necesitaría más que eso para llegar junto a ti al orgasmo. Venero tu cuerpo.

Besos que te roban quedos gemidos.’


Sin duda lo mejor era lo que no esperaba. No esperaba nada, por eso todo era tan bien recibido y tan gratificante. No esperaba enamorarse ni nada que traspasara el umbral de lo virtual. Ni siquiera esperaba conocerle o si lo hacía en algún momento, no fantaseaba con materializar ese deseo.

‘Mi niño lindo, cuando el placer es tan grande que siento que me voy a ir, declino esa opción y me lanzo a abordar tu cuerpo. Sin brusquedad y sin prisas, tengo todo el tiempo del mundo para tomarte. Ahora es mi boca la que recorre tu cuerpo, mi lengua la que prueba el sabor de tu piel y mis manos las que acarician esa basta extensión. Mi piel ya harto sensibilizada por tu dedicación anterior, responde al mínimo roce de tu cuerpo. Y cuando no ha quedado ni un solo centímetro de tu cuerpo por ser estimulado por mí, nos encontramos frente a frente, yo sobre ti, mi cuerpo todo sobre el tuyo, besándonos presa de un ansia que nos impulsa a caer a ese vacío que se siente al tocar el cielo…

Besos que empujan a tomarnos y a darnos, por fin del todo.’


Tenía claro que la vida era algo más que esta relación en formato de correos virtuales. Esta relación había servido y aún lo hacía para remontar el vuelo tras haber caído. Para tomar aire un instante, tan efímero como la felicidad, y volver a sumergirse en las aguas de su vida. El era su inyección de oxígeno en estos momentos.

‘Mi dulce niña, deseo con todas mis fuerzas librar esta batalla que acabará con dos seres victoriosos. Me gusta cómo me cabalgas linda amazona…me gusta tu ritmo que has logrado sea mi ritmo, me gusta ver tus pechos mientras lo haces, y ver tu cara libre de todo protocolo. Cierro los ojos para controlar mi viaje. Y noto cómo cambias el ritmo (muestra más que evidente de que se acerca el final) y me acoplo a tu nuevo ritmo abriendo de nuevo los ojos al tiempo que los tuyos se clavan en ellos. Y es en ese preciso instante en que nos miramos ajenos al resto del mundo cuando nuestros cuerpos llegan juntos al clímax.

Besos tiernos de aliento entrecortado.’

Porque si había algo por lo que realmente valiera la pena luchar era por su familia. Y no sólo sus hijos, sino por ese matrimonio que el tiempo estaba golpeando desde diferentes frentes. Amaba a su marido y quería continuar con ese proyecto que habían iniciado muchos años antes. Un proyecto llamado familia.

‘Mi niño lindo, me dejo caer primero sobre tu pecho y luego lateralmente. Uno estirado al lado del otro. Mi cabeza reposa sobre tu hombro y tu brazo derecho me abraza, mientras mi cuerpo, una vez tú fuera de mí, descansa en parte sobre ti y te abrazo. Miro tu cara que mira hacia el techo y te giras. Nos miramos a menos de un palmo de distancia. Ha sido un verdadero placer haber compartido esto.

Besos tiernos de despedida.’


Y aunque se sienta culpable por esta relación que le ilumina el alma y la mirada, valora la importancia que tiene esta historia como salvavidas. Después de todo ella nunca tocará su piel, no es lo que quiere. Se conformará con sus palabras sucedáneas del amor que no es literatura si no se puede escribir en la piel.


PD: Esta historia podría ser canción con dos opciones: A y B. Escojan a su gusto o dejen de optar de una vez por todas pudiendo tenerlo todo.

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