27 julio 2006

DE LA FIDELIDAD ( parte 1ª)

El estado natural del ser humano, a nivel emocional, no creo que sea el de vivir en pareja en monogamia. La fidelidad no es natural, es un acto forzado por unos “valores” que te imponen, primeramente la sociedad, luego el ambiente más próximo, y finalmente tu pareja.

A pesar de no ser un estado natural, siempre he pensado que la fidelidad no es un valor en manos de según quien.

Es decir, cuando hablo con gente que afirman que ell@s son fieles, porque el amor que sienten hacia la otra persona les impide ver nada más a su alrededor…me escandalizan. La típica que dice : “Vamos, es que yo no miro a ningún otro hombre, ya tengo a mi marido…” Si realmente una persona no tiene deseos de otr@s que no sean su pareja, discúlpenme ustedes, pero esa fidelidad no tiene mérito ninguno. La fidelidad que realmente es preciada, es la mía, con todos mis respetos, porque cuando una solo hace que ver hombres sin dejar de babear por unos y por otros….el ser FIEL aquí se debe escribir con mayúsculas. Vamos que aplicando un dicho harto oido : “No se qué tiene el verano que hace que todos los tíos estén buenos, vamos, hasta el mío”. Así que imaginad pasear por una Barcelona que es todo un escaparate de cuerpos (serranos o no), y a una servidora examinando to lo que pué.

Vamos, que es como aquel que nunca toma cafés (por decir algo) y el médico le indica que a partir de ese momento no debe probarlo más. Hombre, mérito no tiene, paqué engañarnos, si no lo toma y se lo prohiben, pues ná uno toma nota y punto. En cambio, digámosle eso mismo a una persona que no es capaz de articular palabra hasta haberse tomado su consabida ración de café, y que durante el día hace uso del mismo en diferentes momentos. Sí, ya se que a la que lleve un tiempo sin tomar café, se acostumbrará. Pero que leches!! Y lo duro que le será renunciar de por vida a semejante placer………. Con un poco de suerte en algún acontecimiento especial se permita el exceso de tomar una tacita, aunque luego el estómago le rezume todo tipo de castigos, pero bueno…

En cuanto al sexo. Veamos. Tú desde que eres pequeño estás loco por catarlo, pero debido a una serie de catastróficas circunstancias, tardas años en hacerlo con otras personas (el amor propio no cuenta pa esta historia). Cuando lo haces con otras personas vas descubriendo la maravilla que supone y el placer que implica (no me extenderé más sobre ello), y así pasas unos años, con suerte, porque como descubras un hombre/mujer que te hace sentir maravillosamente bien y feliz, la vida te lleva a renunciar voluntariamente a practicar sexo con otras personas diferentes, porque con el fijo-continuo tienes suficiente (más de una conozco que se casó con su primer amor y eso fue tóloquecató)
Pero los años siguen pasando y esa opción voluntaria propia, pasa a ser una obligación impuesta por el otro. Y ahí comienza la historia de la infidelidad. Porque tú sientes atracción por otr@s, es más, si pudieras te lo harías con otr@s, pero tienes aquel “pájaro carpintero” (por la imagen del pájaro enganchao al tronco venga a dar golpes continuos con su pico hasta mermar la corteza y producir un socavón de dimensiones extraordinarias), que te impide hacerlo libremente.

En la mayoría de casos, esto es suficiente para disuadir al presunto infiel. Pero como no podía ser de otro modo, contra una fuerza menguante (el sentimiento de culpabilidad) hay una fuerza aumentante (el morbo de lo prohibido). Y aquí es donde comienza lo verdaderamente interesante del tema. Pero como se me está haciendo extenso, lo diré en un segundo post, que anuncio contará con temas como:

El morbo de la clandestinidad.
Los celos compulsivos.
Si me lo prohibes me atrae aún más.
Al menos déjame que mire y babee.

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