Comida solitaria??
Tengo un constipado que no acaba de abandonarme, sino que parece que ha encontrado en mi cuerpo un habitáculo ideal para establecerse, mutar y expandirse. Hoy es la cabeza la más afectada, con un ‘cebollón’ que llevo que es de alucine. Nunca me emborraché, pero una resaca debe ser lo mismo que siento yo ahora (eso creo, vamos).
Pues para no comer con un tupper hoy, sino algo calentito, me he bajado a comer sola a un self-service buffet libre que hay justo en la plaza Urquinaona : Lactuca. Genial, por 8 euros incluye bebida, postres y cafés, además de la comida. Acompañada en mi MP3 por un tal Rojas, chaval , supongo, que bajé en el emule bajo el nombre de Alejandro Sanz último CD 2006 y su título correspondiente, paseo mi bandeja por la barra del self-service, contemplando absorta la variedad de ensaladas. Finalmente llego a los platos calientes, y hoy, para crearme una placentera sensación, arroz negro. Ummmmmmm, me encanta el arroz negro……
Con mi bandeja llena de comidas, busco una discreta mesa donde comer sin sentirme demasiado observada. Lo se, la gente no está pendiente de mí. Pero no puedo evitar este complejo de DIVA mientras como sola. Porque claro, todo el mundo piensa ¿porqué está comiendo sola esta muchacha? Y como explicar….Que no, que no, que es solo que prefiero comer tranquila y sin sentirme observada, pero no por ningún motivo en concreto.
Encontrada la mesa, empiezo a comer sin quitarme la música. Un hombre se sienta en la mesa pegada a la mía pero justo en frente, o sea que comemos como en una mesa de 4, pues ambos en diagonal.
Observo al acompañante ocasional discretamente. Vamos, todo lo discretamente que puedo a dos palmos de él. Su plato rebosa de comida. Por suerte come con la boca cerrada. Y no es mi tipo físicamente. Lástima!! Podría haber inspirado el relato impersonal 3. Pero no. Me concentro en mi plato. El arroz negro está divino, así que decido repetir. Me levanto dejando la bandeja en su sitio, pero llevando conmigo el bolso. Hay que decir, que además de barato y bueno, hay un servicio esmerado de camareros retirando platos ya terminados. Vuelvo con mi segundo plato de arroz negro, y mi acompañante se levanta trayendo a su vuelta dos platos más cargados hasta los topes. Este amortizará hoy los 8 euritos. Me levanto a por los postres, siguiendo el mismo procedimiento, es decir, dejando la bandeja en la mesa, los cubiertos fuera del plato y mi bolso conmigo. Vuelvo con mi bol de macedonia y otro de crema de vainilla (ummmm también me encanta la vainilla…vuelvo a salivar solo de pensar en ello de nuevo), y me encuentro que en mi silla hay un chaval, que ha empujado mi bandeja al otro lado de la mesa, colocándola al lado de mi acompañante ocasional, y come tan tranquilo. Y mientras tanto…¿qué ha hecho mi acompañante?? Sabía que me había ido a por los postres, que están en dirección totalmente contraria a la salida o a los lavabos, y sin embargo, no ha sido capaz de decirle al chaval que esa bandeja aún tenía dueño. Muy resuelta, sin embargo, me dirijo a la silla que hay al lado de mi acompañante y enfrente del chaval. Cuando me ve sentarme y apropiarme de nuevo de mi bandeja balbucea un ‘Perdona’ acompañado de un ligero rubor en sus mejillas. Le quito leña al asunto, y dado que con las dos manos ocupadas no puedo retirarme los auriculares, entiendo que sus disculpas implicaban un mal entendido abandono de la bandeja. No importa, le digo, y me siento. Como mis postres con dos hombres. ¡Lástima de hombres por diox!!! Menos mal que al menos la crema de vainilla está divina y el Rojas me está endulzando el rato. Me levanto de nuevo, esta vez a buscar el café, que bebo mirando al chaval mientras come. Si se siente intimidado que se fastidie, por haberme hecho sentar junto al acompañante que después de toda esa comida se está engullendo ahora un cuenco lleno de judías blancas con chorizo ....
Pues para no comer con un tupper hoy, sino algo calentito, me he bajado a comer sola a un self-service buffet libre que hay justo en la plaza Urquinaona : Lactuca. Genial, por 8 euros incluye bebida, postres y cafés, además de la comida. Acompañada en mi MP3 por un tal Rojas, chaval , supongo, que bajé en el emule bajo el nombre de Alejandro Sanz último CD 2006 y su título correspondiente, paseo mi bandeja por la barra del self-service, contemplando absorta la variedad de ensaladas. Finalmente llego a los platos calientes, y hoy, para crearme una placentera sensación, arroz negro. Ummmmmmm, me encanta el arroz negro……
Con mi bandeja llena de comidas, busco una discreta mesa donde comer sin sentirme demasiado observada. Lo se, la gente no está pendiente de mí. Pero no puedo evitar este complejo de DIVA mientras como sola. Porque claro, todo el mundo piensa ¿porqué está comiendo sola esta muchacha? Y como explicar….Que no, que no, que es solo que prefiero comer tranquila y sin sentirme observada, pero no por ningún motivo en concreto.
Encontrada la mesa, empiezo a comer sin quitarme la música. Un hombre se sienta en la mesa pegada a la mía pero justo en frente, o sea que comemos como en una mesa de 4, pues ambos en diagonal.
Observo al acompañante ocasional discretamente. Vamos, todo lo discretamente que puedo a dos palmos de él. Su plato rebosa de comida. Por suerte come con la boca cerrada. Y no es mi tipo físicamente. Lástima!! Podría haber inspirado el relato impersonal 3. Pero no. Me concentro en mi plato. El arroz negro está divino, así que decido repetir. Me levanto dejando la bandeja en su sitio, pero llevando conmigo el bolso. Hay que decir, que además de barato y bueno, hay un servicio esmerado de camareros retirando platos ya terminados. Vuelvo con mi segundo plato de arroz negro, y mi acompañante se levanta trayendo a su vuelta dos platos más cargados hasta los topes. Este amortizará hoy los 8 euritos. Me levanto a por los postres, siguiendo el mismo procedimiento, es decir, dejando la bandeja en la mesa, los cubiertos fuera del plato y mi bolso conmigo. Vuelvo con mi bol de macedonia y otro de crema de vainilla (ummmm también me encanta la vainilla…vuelvo a salivar solo de pensar en ello de nuevo), y me encuentro que en mi silla hay un chaval, que ha empujado mi bandeja al otro lado de la mesa, colocándola al lado de mi acompañante ocasional, y come tan tranquilo. Y mientras tanto…¿qué ha hecho mi acompañante?? Sabía que me había ido a por los postres, que están en dirección totalmente contraria a la salida o a los lavabos, y sin embargo, no ha sido capaz de decirle al chaval que esa bandeja aún tenía dueño. Muy resuelta, sin embargo, me dirijo a la silla que hay al lado de mi acompañante y enfrente del chaval. Cuando me ve sentarme y apropiarme de nuevo de mi bandeja balbucea un ‘Perdona’ acompañado de un ligero rubor en sus mejillas. Le quito leña al asunto, y dado que con las dos manos ocupadas no puedo retirarme los auriculares, entiendo que sus disculpas implicaban un mal entendido abandono de la bandeja. No importa, le digo, y me siento. Como mis postres con dos hombres. ¡Lástima de hombres por diox!!! Menos mal que al menos la crema de vainilla está divina y el Rojas me está endulzando el rato. Me levanto de nuevo, esta vez a buscar el café, que bebo mirando al chaval mientras come. Si se siente intimidado que se fastidie, por haberme hecho sentar junto al acompañante que después de toda esa comida se está engullendo ahora un cuenco lleno de judías blancas con chorizo ....
Etiquetas: PERSONAL



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