20 diciembre 2006

POST 100

Las historias son siempre iguales. Al menos en cuanto al fondo se refiere. No importa de qué tipo de historia hablemos. Digamos que todo está ya inventado a todos los niveles. Conseguir que nuestra historia sorprenda o sea diferente a lo que otros sintieron, es casi una utopía. Como mucho podemos encontrar matices que le den el toque que la distinga del resto, o bien la combinación de varias cosas que contadas por nosotros le de ese toque especial. Por eso, cuando leemos las historias de otros en diferentes blogs nos sentimos identificados con alguno de los personajes que allí aparecen. Como en las películas, o bien alguno de esos personajes nos recuerda a nosotros por alguna de sus características personales (que no necesariamente físicas), o bien nos identificamos con alguno por un deseo íntimo de volcar en él nuestras fantasías.

En fin, este párrafo tan extraño, tan genérico, es solo el preámbulo para esta historia que ahora voy a contar. No es original, ni novedosa…pero es tan cierta como que estoy tecleando para poder contarla.

En una relación de pareja de años de duración, se dan muchas etapas. Lógicamente, si llevas desde la adolescencia con esa persona, con la que luego te casas, luego tienes hijos….la evolución es un hecho lleno de matices. Por una parte cada individuo evoluciona según sus propias necesidades interiores, y por otra parte está la evolución del conjunto, en función de las evoluciones individuales más la evolución de la pareja. Parece difícil de entender, pero no lo es. ¿O sí?

El caso es que en mi caso en concreto, mi pareja y yo llevamos desde los 15 años juntos. Viviendo juntos desde los 22. Somos padres desde los 25, y ahora tenemos 35. Ambos tenemos la misma edad, pero las necesidades de cada uno no han sido las mismas durante todo este período. Y siempre hay un estira y afloja en lo que a decisiones de grupo corresponde: desde irnos a vivir juntos a ser padres.

Lo ideal sería que los dos tuviéramos las mismas necesidades en el mismo momento, pero mi experiencia me dice que eso es sumamente difícil. Como alcanzar el orgasmo los dos a la vez…un deseo que no siempre se materializa.


El caso, es que todo iba más o menos sincronizado, hasta hace un año más o menos, momento en que él evolucionó de manera diferente a la mía.

Tenemos un grupo de amigos desde nuestra adolescencia, los mismos de entonces, que luego se fueron casando y a cuyos cónyuges fuimos aceptando, que fueron teniendo hijos (más tarde que nosotros), y las reuniones que antes hacíamos en parejas luego las hacíamos en familia. El mismo buen rollo de siempre, y entre todos una amistad larga en el tiempo y consolidada.

En las noches que nos juntábamos todos, cuando los niños se dormían, las conversaciones volvían a ser las mismas de antaño, de sueños, de ilusiones y de sexo. El sexo y el alcohol…buena combinación. Y los comentarios siempre recurrentes, que si las mujeres nunca tienen ganas, que nunca están predispuestas, que siempre tienen alguna excusa, que si exigen media hora de prolegómenos…y por supuesto nosotras, que si vamos demasiado cansadas, que si no estamos predispuestas porque siempre hacen algo que nos cabrea y nos quita las ganas, que si es siempre lo mismo, que nunca se curran un ambiente propicio…vamos lo de siempre. Y por supuesto, también salía siempre el graciosillo que comenta lo de las fantasías que le gustaría llevar a cabo y que su pareja seguro no aceptaría. Aquí metemos los tríos, los intercambios, el hacerlo en algún lugar de citas. Nosotras empezamos con la broma, ‘ya, ya, eso lo decís, pero luego seguro que ná de ná…bocas, que sois unos bocas!’…..Conversaciones recurrentes….

Un día mi pareja me dijo que estaba cansado de la monotonía de nuestra relación. Que necesitaba algo más, que así él no podía seguir, que llevaba ya meses dándole vueltas al tema, que sentía que su vida estaba vacía o bien llena de cosas que no le llenaban. Que notaba que se le pasaban los años, que se le escapaba la vida entre los dedos, que se hacía mayor pero aún tenía edad para poder cambiar el rumbo de su vida. Vamos, poco más que vivir conmigo era algo así como ir a trabajar cada día, una obligación. Me reprochó mi comportamiento en la cama, mi actitud respecto al sexo…que me estaba convirtiendo en una burguesita sexual, y él quería otra cosa.

No entendí nada, o al menos lo que entendí no tenía ningún sentido para mí. Si me quería, a qué venía todo esto?. Y lloré. Lloré mucho. Pensé. Quizás demasiado. Analicé nuestra vida, lo teníamos todo: una hija maravillosa y ya casi una mujercita con sus casi 10 años, un piso tal como habíamos deseado, trabajo los dos, un grupo de amigos de confianza…¿qué le hacía falta a él para ser feliz conmigo? ¿qué quería que hiciera yo?

Pasaron días, y pensé que igual aquello fue una vená que había tenido, pero su conducta me decía que algo pasaba, aunque no me lo dijera. Empezó a estar más ausente, llegaba más tarde a casa después del trabajo, y no me pedía sexo con la frecuencia que él lo hacía. ¿Estaría esperando que le fuera yo a buscar?

Una noche, en que el deseo empezaba a encenderse en mí, y dada mi dificultad para conseguir el orgasmo mediante la masturbación, me hice la encontradiza. No me rechazó, cosa que temía después de semanas sin hacerlo, sino que me poseyó de una manera salvaje, indómita…su boca arrancó placeres de mi cuerpo, su ansia me contagió de ansia de más sexo, más concentrado más disperso…me sobrevino el orgasmo incluso antes de ser penetrada, justo cuando sus labios intentaron apresar mi clítoris. El placer fue tan grande, que no pude evitar los gritos, que no gemidos. Pero no pensé ni en la niña ni en los vecinos, sino que presa de ese ansia contagiosa me dejé llevar de su mano a un segundo, que llegó acompañado del de él. Una vez caímos rendidos el uno al lado del otro en la cama, sus labios seguían besándome el cuello, los hombros…su aliento cálido junto a mí, su cuerpo pegado por completo a mí. Ambos desnudos. Y esa sensación de plenitud y de vacío que me llega tras el sexo. Cuando el susurro de su voz me dijo aquello que me dejó helada: ‘Quiero compartirte’.

Etiquetas: