27 agosto 2006

DE LA FIDELIDAD (PARTE 2ª)

De todos es sabido la naturaleza rebelde de la especie humana (rebelde por no decir espíritu de contradicción). Desde nuestra más tierna infancia sentimos grandes deseos de probar todo lo que los adultos nos dicen que no debemos hacer, así como rechazo a hacer aquello que ellos mismos se empecinanen que debemos hacer. Así por ejemplo, nos negamos a comer los platos de comida, hasta que no se por que ridícula razón a un adulto se le ocurre decir :' yo voy a cerrar los ojos, pero tú vigila que nadie se coma lo que tengo en el tenedor' y entonces, como empujados por un invisible resorte, engullimos aquello que unos minutos antes nos negábamos a comer. Y es que, sin darse cuenta, y desde tiempos inmemoriales, nuestros adultos (a cada cual los que les toque) nos han instruido en el noble juego de desear lo prohibido y rechazar (o ver como falto de interés) lo permitido. De esta manera, empezamos a fumar, a beber y a participar en el juego sexual. Y, para variar, será sobre la conducta sexual sobre la que me extenderé.


Desde la adolescencia somos conscientes de todo lo que mueve el sexo, por eso, en cuanto tenemos un mínimo de requisitos para jugar lo hacemos, sabiendo que son juegos prohibidos. Y alto, empezando por el amor a uno mismo, que más de uno lo siguió practicando con temor a la ceguera, al acné o a otros tantos inventos....
De este modo vamos subiendo peldaños en este noble juego, rallando lo prohibido, porque en seguida descubrimos, que uno de los mejores ingredientes para el sexo es el morbo que da lo prohibido, lo clandestino. No sin motivo, muchas parejas notan decaer el nivel de sus relaciones sexuales al practicarlo dentro de la moralidad (por ejemplo haciéndolo con la propia pareja en el piso que luego compartirán). Y el morbo a ser pillado es otro ingrediente mágico. Hay a quien el temor a ser pillado le inhibe por completo, en cambio, a otros, ese riesgo hace que la adrenalina aumente más el placer. Cuestión de gustos.....


Lo que sí está claro, retomando el inicio de este soliloquio mío, es que si además de ser algo 'ilícito' (practicar sexo fuera de la pareja), 'morboso' (por el miedo a ser pillado) es algo 'prohibido' (por tu pareja), tenemos los mejores ingredientes para que aquellos a los que esto estimule se lancen de cabeza a la infidelidad.


Por este motivo, entre otros que no vienen al caso, yo siempre le he dicho a mi marido que no tengo inconveniente en que practique sexo con otras personas (sean estas hombres o mujeres), siempre y cuando tome las debidas precauciones y no me cueste dinero (tengo una vena catalana cuando se trata de la pela, oigan) y que además agradecería enormemente el enterarme o hasta conocerlas, para añadirme al juego o montar otro paralelo....


Lo que son las cosas, nunca me he enterado de nada, no se si por su inexistencia o por el temor a que monte yo una juerga mayor.....el caso es que la permisividad, en estos casos, es mayor inhibidor que la prohibición. Así que si no quereis empujar a la pareja a practicar sexo con otros...no seais duros porque eso a la larga os puede pasar factura.

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