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‘Quiero compartirte’
Ante esa frase que era un deseo, apreté fuerte los ojos, me mordí los labios y las lágrimas salieron silenciosas de mis ojos, mientras intentaba disimular que lo había oído bajo un fingido sueño. Sin embargo él sabía que yo lo había oído, pero no quería nada más, ya había dejado allí la semilla que quería que creciera en mí.
Al día siguiente un estado de alicaimiento se había apoderado de mí. Confesaré que había pensado que él debía tener un rollo fuera de casa. Y curiosamente, no sentía lo que creía que sentiría de saberlo. Habría aceptado en silencio que él tuviera sexo fuera de nuestra relación, por supuesto, sin reconocerlo delante de nadie. Una cosa es ser cornuda y otra es serlo y que la gente sepa que lo aceptas. Aún guardaba algo de decoro.
Lo que no podía imaginar era que sus deseos eran otros. De hecho aún no sabía qué querían decir aquellas dos palabras. Y la verdad, no se si quería saberlo.
Sin embargo, y a pesar del temor mío a que la situación se precipitara, pasaron algunos días sin novedades al respecto. Por mi mente pasaban múltiples pensamientos. Lo primero que no entendía es como si me quería podía decir que quería compartirme, ¿acaso no hay mejor amor que la fidelidad? Por otra parte, ¿qué significaba compartirme?, porque en las charlas con los amigos él nunca había hecho ningún comentario a favor del intercambio o de los tríos, ni siquiera participaba activamente en estos comentarios del grupo, así que no sabía por donde debían ir los tiros. Es más, fueran cuales fueran sus deseos, ¿hasta dónde sería yo capaz de llegar por seguir a su lado?...los pensamientos se iniciaban involuntariamente, y me llevaban a callejones sin salida llenos de cubos de basura.
Mi estado general pasó de la alegría habitual a la tristeza general. No tenía ganas de nada, apenas comía, casi no hablaba con los compañeros del trabajo, y la relación con él se hizo casi inexistente. En cuanto Jana se iba a la cama, nosotros nos convertíamos en dos extraños que no tienen nada en común.
Acepté ese estado, después de todo eso significaba que fuera lo que fuera aquello que él quería en solitario o para mí, no debía ser demasiado apremiante.
Sin embargo, una noche, mientras yo recogía la cocina, vino hacia mí, y me dijo si me había dado cuenta de nuestra situación. Que lo nuestro ya no era una pareja y que seguir así no le compensaba en absoluto. ‘¿quieres que nos separemos?’ Por favor, pero ¿qué me está diciendo ahora…que nuestra vida en común dependía del sexo que teníamos, o mejor dicho, del que no teníamos? Me dijo que había estado hablando con el abogado de un compañero suyo del banco, y que si estábamos los dos de acuerdo creía que en menos de dos meses cada uno podría ir a su aire. En menos de dos meses….Las lágrimas me anegaban los ojos, la presión en el pecho era enorme, y a pesar de querer decirle muchas cosas…no dije nada.
A veces tú mismo te puedes jugar estas malas pasadas, querrías hacer algo, pero tu cuerpo se niega a obedecer a tu mente.
‘No te voy a engañar, Lucía, preferiría seguir contigo. Llevamos muchos años juntos, toda una vida, y tenemos una hija a la que adoro. Pero no voy a sepultarme por ello. Si lucho por lo que tenemos, necesito saber que tú también estás dispuesta a hacerlo. Estoy cansado de renunciar a algo que me llena por completo…’
‘¿se puede saber de qué cojones me estás hablando, Rafa? ¿Qué coño significa que me quieres compartir? ¿Por qué me estás destrozando la vida?’_ Mis gritos acallaron mis lágrimas, y dominaron mi cuerpo, como antes lo hizo el silencio. Yo ya no era yo, sino mi cuerpo furioso rebelándose contra aquel que le estaba haciendo daño.
‘Lucía, te estoy diciendo que necesito vivir la sexualidad de otro modo, que estoy cansado de hacerlo siempre igual. Una ducha, a la cama, sexo y a dormir. No, ya no me llena, Lucía, eso estuvo bien unos años, ahora quiero algo más. Quiero sentir que tengo una MUJER a mi lado, sentir el mismo deseo que sentía antes…. Me muero de ganas de follarte donde otros lo hacen escondiéndose. Quiero llevarte a un apartamento por horas, con aparcamiento privado, cada uno por un lado, como si fueras mi amante…o mi puta. Quiero que los demás piensen que no eres mi mujer. Quiero comportarme como un amante para ti. No quiero ser solo tu marido o el padre de tu hija. ¿No lo entiendes?’
No, no entendía nada, pero no podía decírselo. Así que me limité a mirar al frente mientras en realidad miraba hacia dentro.
Ante esa frase que era un deseo, apreté fuerte los ojos, me mordí los labios y las lágrimas salieron silenciosas de mis ojos, mientras intentaba disimular que lo había oído bajo un fingido sueño. Sin embargo él sabía que yo lo había oído, pero no quería nada más, ya había dejado allí la semilla que quería que creciera en mí.
Al día siguiente un estado de alicaimiento se había apoderado de mí. Confesaré que había pensado que él debía tener un rollo fuera de casa. Y curiosamente, no sentía lo que creía que sentiría de saberlo. Habría aceptado en silencio que él tuviera sexo fuera de nuestra relación, por supuesto, sin reconocerlo delante de nadie. Una cosa es ser cornuda y otra es serlo y que la gente sepa que lo aceptas. Aún guardaba algo de decoro.
Lo que no podía imaginar era que sus deseos eran otros. De hecho aún no sabía qué querían decir aquellas dos palabras. Y la verdad, no se si quería saberlo.
Sin embargo, y a pesar del temor mío a que la situación se precipitara, pasaron algunos días sin novedades al respecto. Por mi mente pasaban múltiples pensamientos. Lo primero que no entendía es como si me quería podía decir que quería compartirme, ¿acaso no hay mejor amor que la fidelidad? Por otra parte, ¿qué significaba compartirme?, porque en las charlas con los amigos él nunca había hecho ningún comentario a favor del intercambio o de los tríos, ni siquiera participaba activamente en estos comentarios del grupo, así que no sabía por donde debían ir los tiros. Es más, fueran cuales fueran sus deseos, ¿hasta dónde sería yo capaz de llegar por seguir a su lado?...los pensamientos se iniciaban involuntariamente, y me llevaban a callejones sin salida llenos de cubos de basura.
Mi estado general pasó de la alegría habitual a la tristeza general. No tenía ganas de nada, apenas comía, casi no hablaba con los compañeros del trabajo, y la relación con él se hizo casi inexistente. En cuanto Jana se iba a la cama, nosotros nos convertíamos en dos extraños que no tienen nada en común.
Acepté ese estado, después de todo eso significaba que fuera lo que fuera aquello que él quería en solitario o para mí, no debía ser demasiado apremiante.
Sin embargo, una noche, mientras yo recogía la cocina, vino hacia mí, y me dijo si me había dado cuenta de nuestra situación. Que lo nuestro ya no era una pareja y que seguir así no le compensaba en absoluto. ‘¿quieres que nos separemos?’ Por favor, pero ¿qué me está diciendo ahora…que nuestra vida en común dependía del sexo que teníamos, o mejor dicho, del que no teníamos? Me dijo que había estado hablando con el abogado de un compañero suyo del banco, y que si estábamos los dos de acuerdo creía que en menos de dos meses cada uno podría ir a su aire. En menos de dos meses….Las lágrimas me anegaban los ojos, la presión en el pecho era enorme, y a pesar de querer decirle muchas cosas…no dije nada.
A veces tú mismo te puedes jugar estas malas pasadas, querrías hacer algo, pero tu cuerpo se niega a obedecer a tu mente.
‘No te voy a engañar, Lucía, preferiría seguir contigo. Llevamos muchos años juntos, toda una vida, y tenemos una hija a la que adoro. Pero no voy a sepultarme por ello. Si lucho por lo que tenemos, necesito saber que tú también estás dispuesta a hacerlo. Estoy cansado de renunciar a algo que me llena por completo…’
‘¿se puede saber de qué cojones me estás hablando, Rafa? ¿Qué coño significa que me quieres compartir? ¿Por qué me estás destrozando la vida?’_ Mis gritos acallaron mis lágrimas, y dominaron mi cuerpo, como antes lo hizo el silencio. Yo ya no era yo, sino mi cuerpo furioso rebelándose contra aquel que le estaba haciendo daño.
‘Lucía, te estoy diciendo que necesito vivir la sexualidad de otro modo, que estoy cansado de hacerlo siempre igual. Una ducha, a la cama, sexo y a dormir. No, ya no me llena, Lucía, eso estuvo bien unos años, ahora quiero algo más. Quiero sentir que tengo una MUJER a mi lado, sentir el mismo deseo que sentía antes…. Me muero de ganas de follarte donde otros lo hacen escondiéndose. Quiero llevarte a un apartamento por horas, con aparcamiento privado, cada uno por un lado, como si fueras mi amante…o mi puta. Quiero que los demás piensen que no eres mi mujer. Quiero comportarme como un amante para ti. No quiero ser solo tu marido o el padre de tu hija. ¿No lo entiendes?’
No, no entendía nada, pero no podía decírselo. Así que me limité a mirar al frente mientras en realidad miraba hacia dentro.
Etiquetas: RELATO IMPERSONAL



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