El jersey de lana
Hace tiempo que empecé a tejer con agujas del 2 y lana Katia Marathon color tostado un jersey. Siempre había querido tener uno así, con esa lana de ese color y con ese punto, pero como muchas de las cosas que uno quiere, no existen hechas, sino que hay que hacerlas. Así empecé hace años este proyecto. Primero busqué la lana...o me buscó ella a mí, que a veces es un poco así. Ese tono tostado de lana suave y no muy fina, ideal para tejer mis próximos días de invierno. Me la llevé a casa, no pude resistirme. En mi cabeza tenía el diseño que quería para mi jersey y con la lana ya en mi poder sólo era cuestión de empezar a tejer...Empezar un proyecto es algo increíble por la ilusión que mueve, y vertimos en su realización un montón de horas y de energías, sin medida y sin racionamiento...sólo nos dejamos llegar por ese impulso que nos lleva a tomar la labor y tejer, punto a punto lo que será nuestro jersey. Y al principio le dedicamos muchas horas de nuestro sueño porque no sólo lo hacemos para tenerlo para el invierno sino porque estamos disfrutando mucho de ver como quedan los primeros centímetros tejidos. Pero poco a poco otras 'urgencias' otras 'realidades' van quitándole fuerza a ese proyecto (a veces otras labores que nos requerirán menos tiempo y que son más ligeras, otras simplemente la pereza de sacar la labor y ponerse con ella...) y se nos queda en un puesto no prioritario. Cuando esto ocurre mal rollo, porque o bien nos obligamos a retomarlo a pesar de no tener demasiadas ganas o bien corremos el riesgo de que cada día nos sintamos más lejos de ese proyecto y nos ilusionemos con otro o simplemente de nada que tenga que ver con el punto. Así fue tejido mi jersey de lana, con mucha fuerza al principio, obligándome a tejer después para que no cayera en el olvido, a rachas simplemente guardado en un armario durante meses....hasta que un día, sin recordarlo, un día que sentí la necesidad de tejer de nuevo, me puse a buscar en el armario de las labores. Allí estaba aquella lana Katia color tostado. Cogí la parte de jersey que tenía hecha (la espalda entera y parte del delantero) y toqué el tacto del género tejido....acariciante, cálido....y volví a volcarme en la labor. Horas de dedicación dieron su fruto y años más tarde puedo ver el resultado de lo que empecé con tanta ilusión entonces. No. No. No. El punto del principio era más apretado y el que hice en esta nueva tongada mucho más flojo...no me ha quedado bien. Por otra parte la lana ya no me parece tan linda como lo era cuando la adquirí. Y el resultado es un jersey que miro y que no me dice nada en absoluto. No es el jersey que tenía en mi mente cuando empezó todo...es más, hasta factores externos como el cambio climático hacen que no encuentre el momento de ponerme ese gordo jersey. Ha terminado un invierno en el que el jersey terminado simplemente ha cambiado de armario, del de las labores por terminar al de la ropa que no me pongo nunca. Se ha convertido en una de esas prendas que cada cambio de temporada permanecerá en el mismo lugar, sea invierno o sea verano, porque no me gusta como para ponérmelo pero me da lástima deshacerme de él...así es la vida de muchas prendas de ropa que tenemos en el altillo de nuestras vidas.
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