23 diciembre 2006

POST 100 + 2

Al día siguiente me di cuenta que para él tampoco debía ser fácil la situación, a pesar de ser él el creador de la misma. Y entre pensamiento y pensamiento, reconocí que no me parecía tan malo lo que Rafa proponía. Al fin y al cabo, tenía razón, nuestras relaciones se estaban volviendo monótonas, y el deseo se estaba extinguiendo por mi parte, cosa que debió provocar que él se sintiera así, como un marido y un padre, pero desde luego no un amante.

Supongo que debido al peso que me había quitado de encima, pues mis pensamientos iban de ‘Tiene una amante’ ‘Se irá de casa’ ‘Querrá que me acueste con terceros’…y esto al fin y al cabo no implicaba nada de ello, decidí ser yo la que le sorprendiera. Desde el despacho le mandé un correo, a su despacho, indicándole que el próximo viernes disponía de 4 horas libres para que él las llenara como mejor le apeteciera. Exactamente de 10 a 2 de la madrugada, y que la canguro ya estaba avisada.

Cómo pasé del abatimiento al morbo no lo sé. Igual que no se cómo era capaz de seguir con un hombre solo por no quedarme sola. Son cosas que plantearte en frío hacen que te des cuenta de que las personas tenemos una capacidad tremenda de sorprendernos a nosotros mismos.

Esa noche, cuando llegó a casa, tarde, como ya era habitual, esperé que me hiciera algún comentario al respecto, algo como que le había gustado mi correo, o que se alegraba de todo, pero nada de eso. Se metió en la ducha tras un austero ‘Hola’ y comprobar que la niña estaba durmiendo. Seguí con mi tarea, esta vez un disfraz que debía llevar Jana en la obra del colegio. Rafa me llamó, y acudí pensando en que otra vez se había olvidado de prepararse la toalla, o se le había acabado el gel o bien quería preguntarme qué había de cena. Pero no. Cuando entré, el baño lleno de vapor, la temperatura alta, el agua cayendo en la ducha y Rafa desnudo en medio del baño. Sin mediar palabra, se acercó, me besó primero tierno luego firme y finalmente apasionado, mientras me quitaba el pijama. El calor era asfixiante, y Rafa me llevó hacia la ducha. Nos metimos los dos, sin dejar de besarnos, de tocarnos…su boca recorría mi cuerpo, mis pechos, mi cintura, mi ombligo, mi sexo..mmm..casi resbalo del placer que estaba dandome. Le frené, quería darle su parte, así que hice lo mismo con él, deleitándome con el plato final, su pene. Acabamos haciéndolo allí mismo, entre el placer y el temor a caer.

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