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El viernes amaneció como una esperanza, como una ilusión. A mediodía recibí las instrucciones de Rafa via sms. Lugar y hora de la cita. El iría directamente. Y una frase última ‘ Espero que tu indumentaria me sorprenda’.
Me presenté en el lugar indicado. Llegué algo tarde, ya que la canguro se retrasó, y además el autobús no llegaba. Una vez ante el edificio le hice una llamada perdida, porque la vergüenza me impedía entrar sola en aquel lugar. Me llamó y mientras charlábamos por teléfono me indicó paso a paso lo que tenía que hacer, entra, gira hacia la izquierda tras el mostrador de recepción, coge el ascensor, pica el quinto piso…así no tuve ni que saludar al conserje. Una vez arriba parecía un edificio aparte, nada que ver con el resto. Con la voz de Rafa en mi oído llegué a su puerta. Debía haber como 20 mini-suites, de las que se oían todo tipo de gemidos. El lugar podía resultar morboso, excitante o repulsivo, dependiendo de quien lo viera.
Una vez en la suite, junto a Rafa, me sentí…no se como explicarlo, pero al mismo tiempo la vergüenza por estar allí, a lo que íbamos, me cohibía y me excitaba. Rafa parecía tener controlada la situación, y hasta mi cuerpo. Sabía conducirme a su terreno, que resultó ser el mío en ese momento. Pasé dos horas con Rafa como amantes escondiéndose para gozar.
Me sorprendió todo lo que pude descubrir de Rafa en esos encuentros fuera de casa. El conocimiento de los lugares, su facilidad para entrar y salir, como si ya hubiera estado allí antes. Lo cierto es que aunque había días que me hacía pensar si habría estado allí con anterioridad, la felicidad me impedía saber más. Hacía tiempo que no me sentía tan feliz. Las cosas en casa iban viento en popa, ya que el fuego que habíamos encendido el uno en el otro, nos había dotado de armonía y serenidad, además de la madurez que sentía haber alcanzado a nivel de pareja.
Hará quince días, más o menos, Rafa me llevó a un local nuevo para mí en pleno Ensanche de Barcelona. Era un piso alto, de grandes dimensiones, parecía, techos altos, y muy oscuro. Nada más entrar, y tras atravesar una cortina muy pesada y tupida, había una barra de bar. Nos sentamos, y pedimos una copa. Me sorprendió el local, para qué engañarnos, pero en los meses que habíamos estado encontrándonos sexualmente fuera de casa, había podido darme cuenta que Barcelona es una verdadera caja de sorpresas, escondiendo con máxima discreción todo aquello que no está bien visto.
Mi sorpresa aumentó cuando vi en una mesa próxima a dos hombres y una mujer que con una falta total de pudor, se tocaban. Exactamente vi como el más joven de los hombres, quizás no llegara a los 30, tenía su mano metida entre las piernas de ella. Miré entre interrogante e inquisidora a Rafa, que se limitó a mirarme con severidad y firmeza. ¿Por qué no me levanté y me fui de allí?
Rafa se acercó y me susurró al oído : ‘Disfruta del espectáculo. Caliéntate mirando como se calientan ellos. Y déjate llevar.’ Mientras retiraba el pelo de mi cuello, y me besó, y me lamió, y me excitó. El olor de Rafa, el de su perfume con su excitación, mi propio olor también excitado, la oscuridad, y la visión…hicieron que bajara la guardia, me relajara y disfrutara de las caricias de Rafa que, sin ningún tipo de pudor, me estaba acariciando el pecho sobre la blusa, consiguiendo que mis pezones se endurecieran, crecieran y llamaran aún más su atención. Mi respiración entrecortada eran un cartel luminoso de que estaba a cien. Sin embargo, ahí quedó la cosa, Rafa lo dejó, y acabó su copa, y yo la mía. Un taxi nos llevó hasta casa, y esperó abajo a que bajara la canguro para llevarla a la suya. En cuanto volvió a subir Rafa, sin mediar palabra, me folló, y yo le follé. Con ansia, de manera apremiante, acelerado, casi savaje…y me corrí pensando en el joven que había en aquel local.
La semana pasada, volvimos a ir a aquel local, después de tres semanas. Esta vez, instruida por él, fui cumpliendo las reglas del local. Las mujeres deben ir con falda y medias hasta los muslos (nada de pantys). Lo entendí, porque había visto como aquel chico acariciaba a aquella afortunada, quizás delante de su ¿marido?, no se, imagino que sí.
Esta vez sabía a qué tipo de local iba, y sabía qué ocurriría, así que nada más llegar me noté mojada, excitada. Nos sentamos donde la vez anterior, y empezamos a beber. Un chico solo en la barra, consumiendo un refresco. Pensar en que él viera como Rafa me metía mano consiguió excitarme aún más. Llegó otra pareja, que se sentaron cerca de nosotros. Noté sus perfumes. Eran más mayores que nosotros, y no despertaban ningún tipo de excitación en mí, así que me concentré en Rafa y el chico de la barra. Sin embargo, Rafa tenía otros planes. Tras entablar conversación con la pareja, y algunos comentarios sobre los tipos de interés y las inversiones (tema recurrente para Rafa), la pareja nos invitó a pasar a dentro para intimar. De la mano de Rafa, de la que no podía soltarme por alguna extraña razón, y debatiéndome entre seguir adelante o irme, pero sin mover ni un solo músculo para huir, me encontré ante una cama enorme donde algunos cuerpos desnudos retozaban. Por suerte pasamos de largo, a pesar de no entender porque seguía allí, y entramos en una sala completamente oscura, solo con algo de iluminación a la altura de los pies (como en los cines las luces de las escaleras para no caer), y allí de la mano de Rafa, sentí como unas manos me tocaban. Al principio y imaginando que sería el tipo que venía con nosotros, me estremecí de repulsión. Tensa, nerviosa y asustada. Pero no podía ver nada, y tampoco quería hacerlo, así que me imaginé al chico de la barra. Al principio. Luego no pensé en nadie, solo disfruté de la lengua que lamía mis pezones y los dedos que jugaban en mi vagina. Rafa me susurró un Te quiero, mientras me soltaba la mano dejándome sola. Unas manos me guiaron a una especie de sofá o de cama…me tumbaron, y mientras alguien jugaba con su boca en mis pezones, otro alguien invadía mi sexo con otra lengua. Qué goce más grande! Sentir como puede haber más de una persona deseando disfrutar de tu cuerpo, cómo pueden conseguir darte tanto placer sin conocerte… todo mi cuerpo era sexo, todos los poros de mi piel estaban disfrutando de las sensaciones nuevas. Sentir tantos puntos de mi cuerpo estimulados al mismo tiempo era …mmm….gué gusto…qué bueno….qué rico…mmmm….Cuando noté que estaba llegando mi orgasmo intenté rechazarlo…aún no quería correrme, sin embargo, lo invadió todo, me invadió entera, y el orgasmo se produjo en mi cuello, en mis pechos, en mi vientre, en mis piernas y en mi coño. El orgasmo más grande en extensión, más rico en calidad y más largo en tiempo.
Rafa, gracias por querer compartirme.
Me presenté en el lugar indicado. Llegué algo tarde, ya que la canguro se retrasó, y además el autobús no llegaba. Una vez ante el edificio le hice una llamada perdida, porque la vergüenza me impedía entrar sola en aquel lugar. Me llamó y mientras charlábamos por teléfono me indicó paso a paso lo que tenía que hacer, entra, gira hacia la izquierda tras el mostrador de recepción, coge el ascensor, pica el quinto piso…así no tuve ni que saludar al conserje. Una vez arriba parecía un edificio aparte, nada que ver con el resto. Con la voz de Rafa en mi oído llegué a su puerta. Debía haber como 20 mini-suites, de las que se oían todo tipo de gemidos. El lugar podía resultar morboso, excitante o repulsivo, dependiendo de quien lo viera.
Una vez en la suite, junto a Rafa, me sentí…no se como explicarlo, pero al mismo tiempo la vergüenza por estar allí, a lo que íbamos, me cohibía y me excitaba. Rafa parecía tener controlada la situación, y hasta mi cuerpo. Sabía conducirme a su terreno, que resultó ser el mío en ese momento. Pasé dos horas con Rafa como amantes escondiéndose para gozar.
Me sorprendió todo lo que pude descubrir de Rafa en esos encuentros fuera de casa. El conocimiento de los lugares, su facilidad para entrar y salir, como si ya hubiera estado allí antes. Lo cierto es que aunque había días que me hacía pensar si habría estado allí con anterioridad, la felicidad me impedía saber más. Hacía tiempo que no me sentía tan feliz. Las cosas en casa iban viento en popa, ya que el fuego que habíamos encendido el uno en el otro, nos había dotado de armonía y serenidad, además de la madurez que sentía haber alcanzado a nivel de pareja.
Hará quince días, más o menos, Rafa me llevó a un local nuevo para mí en pleno Ensanche de Barcelona. Era un piso alto, de grandes dimensiones, parecía, techos altos, y muy oscuro. Nada más entrar, y tras atravesar una cortina muy pesada y tupida, había una barra de bar. Nos sentamos, y pedimos una copa. Me sorprendió el local, para qué engañarnos, pero en los meses que habíamos estado encontrándonos sexualmente fuera de casa, había podido darme cuenta que Barcelona es una verdadera caja de sorpresas, escondiendo con máxima discreción todo aquello que no está bien visto.
Mi sorpresa aumentó cuando vi en una mesa próxima a dos hombres y una mujer que con una falta total de pudor, se tocaban. Exactamente vi como el más joven de los hombres, quizás no llegara a los 30, tenía su mano metida entre las piernas de ella. Miré entre interrogante e inquisidora a Rafa, que se limitó a mirarme con severidad y firmeza. ¿Por qué no me levanté y me fui de allí?
Rafa se acercó y me susurró al oído : ‘Disfruta del espectáculo. Caliéntate mirando como se calientan ellos. Y déjate llevar.’ Mientras retiraba el pelo de mi cuello, y me besó, y me lamió, y me excitó. El olor de Rafa, el de su perfume con su excitación, mi propio olor también excitado, la oscuridad, y la visión…hicieron que bajara la guardia, me relajara y disfrutara de las caricias de Rafa que, sin ningún tipo de pudor, me estaba acariciando el pecho sobre la blusa, consiguiendo que mis pezones se endurecieran, crecieran y llamaran aún más su atención. Mi respiración entrecortada eran un cartel luminoso de que estaba a cien. Sin embargo, ahí quedó la cosa, Rafa lo dejó, y acabó su copa, y yo la mía. Un taxi nos llevó hasta casa, y esperó abajo a que bajara la canguro para llevarla a la suya. En cuanto volvió a subir Rafa, sin mediar palabra, me folló, y yo le follé. Con ansia, de manera apremiante, acelerado, casi savaje…y me corrí pensando en el joven que había en aquel local.
La semana pasada, volvimos a ir a aquel local, después de tres semanas. Esta vez, instruida por él, fui cumpliendo las reglas del local. Las mujeres deben ir con falda y medias hasta los muslos (nada de pantys). Lo entendí, porque había visto como aquel chico acariciaba a aquella afortunada, quizás delante de su ¿marido?, no se, imagino que sí.
Esta vez sabía a qué tipo de local iba, y sabía qué ocurriría, así que nada más llegar me noté mojada, excitada. Nos sentamos donde la vez anterior, y empezamos a beber. Un chico solo en la barra, consumiendo un refresco. Pensar en que él viera como Rafa me metía mano consiguió excitarme aún más. Llegó otra pareja, que se sentaron cerca de nosotros. Noté sus perfumes. Eran más mayores que nosotros, y no despertaban ningún tipo de excitación en mí, así que me concentré en Rafa y el chico de la barra. Sin embargo, Rafa tenía otros planes. Tras entablar conversación con la pareja, y algunos comentarios sobre los tipos de interés y las inversiones (tema recurrente para Rafa), la pareja nos invitó a pasar a dentro para intimar. De la mano de Rafa, de la que no podía soltarme por alguna extraña razón, y debatiéndome entre seguir adelante o irme, pero sin mover ni un solo músculo para huir, me encontré ante una cama enorme donde algunos cuerpos desnudos retozaban. Por suerte pasamos de largo, a pesar de no entender porque seguía allí, y entramos en una sala completamente oscura, solo con algo de iluminación a la altura de los pies (como en los cines las luces de las escaleras para no caer), y allí de la mano de Rafa, sentí como unas manos me tocaban. Al principio y imaginando que sería el tipo que venía con nosotros, me estremecí de repulsión. Tensa, nerviosa y asustada. Pero no podía ver nada, y tampoco quería hacerlo, así que me imaginé al chico de la barra. Al principio. Luego no pensé en nadie, solo disfruté de la lengua que lamía mis pezones y los dedos que jugaban en mi vagina. Rafa me susurró un Te quiero, mientras me soltaba la mano dejándome sola. Unas manos me guiaron a una especie de sofá o de cama…me tumbaron, y mientras alguien jugaba con su boca en mis pezones, otro alguien invadía mi sexo con otra lengua. Qué goce más grande! Sentir como puede haber más de una persona deseando disfrutar de tu cuerpo, cómo pueden conseguir darte tanto placer sin conocerte… todo mi cuerpo era sexo, todos los poros de mi piel estaban disfrutando de las sensaciones nuevas. Sentir tantos puntos de mi cuerpo estimulados al mismo tiempo era …mmm….gué gusto…qué bueno….qué rico…mmmm….Cuando noté que estaba llegando mi orgasmo intenté rechazarlo…aún no quería correrme, sin embargo, lo invadió todo, me invadió entera, y el orgasmo se produjo en mi cuello, en mis pechos, en mi vientre, en mis piernas y en mi coño. El orgasmo más grande en extensión, más rico en calidad y más largo en tiempo.
Rafa, gracias por querer compartirme.
Etiquetas: RELATO IMPERSONAL



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